CON…CIERTO SENTIDO.

Hace unos días fui a un concierto, y era de música clásica, bueno no, era con instrumentos clásicos pero la interpretación era de bandas sonoras. Ya saben, música de películas. Por cierto, que bien lo pasé.



La gran cantidad de personas reunidas en el auditorio de nuestra isla, todas ellas pendientes de la expectación que había levantado tan importante acontecimiento me hacía pensar que esta, iba a ser una velada inolvidable, y así fue…



Inolvidable por la dificultad de acceder a la zona, porque sigo sin entender, que extraños y contrarios intereses mueven al ayuntamiento de Las Palmas de GC a promover la cultura, pero no el acceso a la misma (a través de la carretera me refiero. No hay forma de que antes y después de un acto en el auditorio, se vea un agente de la policía local por allí agilizando el tráfico. Y si en esta ocasión lo hubo, yo no lo ví en los 40 minutos que pasé en mi coche.



Inolvidable por, como gusta a todos, emperifollarse a la primera ocasión de cambio. Bonitas chaquetas cruzadas, elegantes corbatas, trajes de ensueño, “multicolorismo pasminar” y toda una serie de complementos que atesoran que la elección de una buena prenda para un acto serio y la elegancia, van cogidas de la mano en noches así.



Y que decir del concierto en sí, cientos de personas en silencio y escuchando como el dulce sonido de la orquesta sinfónica de la república Checa llenaba la sala sinfónica, me hacían comprobar que la música, como ciertamente dicen, amansa a las fieras. En noches como esta, en las que las protagonistas eran las canciones, música que ha acompañado las imágenes de películas tan conocidas como El Padrino ó Verano del 42 entre otras, nadie se acordaba de la Gripe A, o de la crisis.



Tristemente, mis extravagantes gustos no se vieron del todo satisfechos ante tan selecto repertorio puesto que entre los temas interpretados no hubo sitio para películas como “Rambo”, “Termineitor” o “Mátame aquí que por allí hay corriente y me puedo resfriar”…lo sé, siento ser un “ignorante bélico musical” pero es que las bonitas melodías no se hicieron para un oído tan recio. Sin embargo, eso no quita para que disfrutara al igual que el resto de los dulces movimientos de la batuta de, en este caso, la directora de la orquesta.


Batuta que levemente podía divisar desde mi butaca dado que al comprar la entrada, no escatimé en gastos, y elegí la privilegiada zona denominada “gallinero”. Desconozco la base científica por la que, se designa así a esta parte del recinto. Yo la habría llamado “el destierro” o “el más allá “, porque si la llegan a construir algo más lejos habría visto el concierto desde un universo paralelo. Por cierto que tras el recital, mi conocimiento empírico sobre la denominación de gallinero vio la luz y el resultado de la incógnita fue que, en butacas tan incomodas, si me llego a quedar media hora mas, seguro que acabo poniendo un huevo.



Mi recomendación final es que, si van alguna vez al teatro o al auditorio, mejor que se informen previamente, antes de meter la pata como hice yo marchándome antes de tiempo. Pero es que, al finalizar el concierto y ver como se retiraba la Directora de Orquesta oí al del asiento de atrás decir: ”Seguro que va a hacer un Bis”, por lo que me dije, si ella va al baño yo también…


Esta es la crónica habitual de un día como otro cualquiera.

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