NAVEGANTE NO HAY MARINO, SE HACE MARINO AL NAVEGAR….

¡Qué bonito el colorido desfile marino que pudimos ver ayer en la capital de la isla! La salida de la regata transoceánica ARC y que ha convertido, ya de forma habitual, a nuestra isla en el punto geocéntrico de la marina internacional. La idea, viajar desde Gran Canaria hasta Santa Lucía, no Santa Lucía la de aquí, sino la que está en el Caribe.


Lo cierto es que la imagen de ayer es una de esas que tienden a tardar en desaparecer de nuestra retina puesto que durante 3 horas pudimos ver como el muelle deportivo de la capital engendraba, uno detrás de otro, grandes colosos de la navegación. Algo que provocó, obviamente, la curiosidad de todo aquel que por allí pasó. Es más, me atrevería a decir que sino exclusivamente a verlo por desconocimiento, el que se acercó y algo vio, al final por bonito que era todo, allí se quedó.


Sinceramente me encanta ver como acontecimientos de este tipo, reúne a tantos y tantos ciudadanos en la costa. A lo largo de los tetrápodos, de la bahía del muelle y de toda la avenida marítima, lo único que se veía eran cabecitas al sol observando el multicolorido desfile acuático. Desfile por cierto, que contó incluso con el acompañamiento de algunos bancos, bancos de peces claro. Por supuesto que desde la organización ya preveían, como en otros años ya ha pasado, que la visita masiva de curiosos desbordara las instalaciones deportivas, pero eso no impidió que una banda de música, de las de toda la vida, amenizara la espera de aquellos osados que se atrevieron a entrar con su coche en la dársena deportiva. Banda por cierto, que también despidió con pasodobles y seguidillas, uno a uno a cada barco que decía adiós.


Ahora a esos aventureros y aventureras les queda una dura travesía por delante hasta llegar a su origen. Semanas de duro trabajo en alta mar, con días apacibles pero también con la inquietud de sufrir el mal humor del océano de un día para otro, hasta conseguir volver a poner el pie en tierra firme. Lo mejor de todo es que estos marinos procedentes de diferentes partes del mundo, se marchan de Gran Canaria, con el calor de los ciudadanos de nuestra isla y con el agridulce sabor de aquel que deja una tierra que por unos días se ha convertido en propia…


Y como ustedes verán, hoy no me he metido con nadie, no he criticado nada, he dejado de lado a los políticos y todo ello siendo lunes. Que más se le puede pedir a alguien que ayer sonreía al verse atrapado entre cientos de personas, cuyas cámaras digitales no paraban de sacar fotos y que, al sol, tostaban sus cabecitas viendo tan majestuoso desfile marino. Cierto es que la zona parecía el camarote de los Hermanos Marx, no cabía ni un alfiler, pero mereció la pena ver los asombrados rostros de aquellos que se hacían a la mar, y que durante semanas no volverán a encontrarse con nadie hasta el fin de su travesía, muchas millas náuticas después, al reparar asombrados en que todas esas personas que los observaban y que les deseaban buen viaje, eran sólo una, la que conforma nuestra isla de Gran Canaria.



Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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