HOY NO HAY CLASE, MAÑANA YA VEREMOS…

Ahora resulta que los funcionarios del sector educativo faltan cada día a su trabajo y ponen la excusa de estar de baja. Una excusa que se traduce en millones de euros. Hace unos días, el consejero de economía y hacienda de este bonito Gobierno de Canarias que tenemos, aseguraba que diariamente el coste de estas bajas es de 306 mil euros.

Pero, ¿y si en realidad estos trabajadores que sufren constantemente el acoso de sus alumnos en un trabajo que en vez de consistir en enseñar, se ha convertido en domar, están diciendo la verdad? Porque por todos es sabido que, aunque siempre se ha envidiado la profesión de docente por sus largas semanas de días libres y esos casi tres meses de vacaciones, a día de hoy, son ya pocos los que realmente desean entrar en un aula para sufrir las faltas de respeto, de unos niños malcriados, y que encima en el peor de los casos, suelen estar respaldados por esos padres que les han brindado tan nefasta educación.

Se me antoja inexplicable qué ha pasado, porque en mi época, allá por el año 1900, el profesor era un ser intocable, al que no debías mirar directamente a los ojos para no quedarte ciego por su magnetismo ocular y al que nunca le debías llevar la contraria. Ahora sin embargo, aquellos que nos enseñan el camino a seguir para llevar una vida encaminada a una carrera universitaria o profesión deseada, son el centro de las vejaciones de los que, en vez de ser alumnos se han convertido en los maltratadores psicológicos más precoces del mundo.

Cómo no voy a faltar a clase después de que, tras haber pedido silencio en el aula, lo único conseguido hayan sido, palabras malsonantes, burlas, chanzas y demás irrespetuosas muestras de desacato, en vez de seguir las normas, como antes ocurría. Ante esto, ¿ustedes no sentirían, al cabo de unos meses, un desgaste psicológico tal cuya solución tiene como destino final, la baja laboral?

Con esto no quiero, obviamente, intentar justificar la cantidad de bajas que se producen en el sector educativo, ya que seguro, los más avispados, habrán aprovechado su posición aprovechándose del mal de otros para no ir a clase y tener unas cuantas semanas de descanso. Lo peor de todo es que nosotros somos los que pagamos esas bajas y esas sustituciones, por lo que ante esto, propongo una alternativa.

Qué les parece, si no están conformes con el gasto que le supone a cada Canario el que los profesores estén de baja en la mayoría de los casos por estrés o por depresión, si en vez de criticar a los docentes, se ponen de su parte cuando son llamados para hablar del mal comportamiento de sus hijos en vez de escudarlos y humillar ante el alumno al que debería ser su referente educativo, dándole a los pequeños un poder que no deberían tener. Y si encima les pedimos a estos padres que estén más implicados y más involucrados en la educación y el comportamiento de sus hijos, ¿no desembocaría esto en una reducción de las incapacidades por enfermedad de estos profesores?

Lo que me temía, prefieren tener a sus hijos en un sitio donde puedan hacer lo que les de la gana, no dedicarles ni un minuto y que sea Internet y la televisión quienes los eduquen. Pues si esta es la nueva generación que nos sucederá, más vale que la futura tercera edad nos vayamos preparando. Y es que ya lo dijo Benjamin Franklin, “Educar en la igualdad y el respecto es educar contra la violencia”

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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