INOCENTE SÍ….IMBECIL, TAMBIÉN…

Ayer parece que fue el día de los inocentes. Me encanta el 28 de diciembre, es un momento ideal para sacar el diablillo que cada uno lleva dentro sin tener que dar explicaciones y sólo diciendo tras gastar la broma…¡¡ Inocente !!

La verdad es que en algunos casos las inocentadas llegan a pasarse de la raya, ayer mismo yo fui el objetivo de una de esas bromas. Yo las gasto, ¡vale!, pero como molesta cuando es uno mismo el protagonista, y encima cuando se ríen de tí. Curiosamente el malandrín que se mofó de mí, estudió conmigo primaria y la verdad que desde entonces no lo había vuelto a ver. Sin embargo él pareció conocerme a la primera ayer cuando nos encontramos en medio de la calle.

El tropezón tuvo lugar en frente del Banco de España, y ni corto ni perezoso y antes de que me diera cuenta, el susodicho elemento me dio un gran abrazo, diciéndome cuanto se alegraba de verme y cómo es que no habíamos coincidido antes desde que hiciéramos la E.G.B. en el colegio Cervantes. La verdad es que me cogió tan de sorpresa que sólo pude decirle que es lo habitual, que cada uno coge caminos diferentes y a no ser que no cambiemos mucho físicamente, reconocer a viejos compañeros del colegio es una tarea casi imposible.

Cierto es que me sonaba la cara pero no acababa de ubicarlo, sobre todo viendo lo mal que lo habían tratado los años. No obstante, y como soy una persona casi educada, le pregunté que había sido de su vida. Me sorprendió su respuesta al afirmar que había estado en la cárcel, pero que había sido juzgado injustamente y no le quedó más remedio que estar 5 años a la sombra, o al sol, algo que dependía del día que hiciera en el patio del recinto penitenciario, agregó.

Antes de que pudiera hacer comentario alguno me instó a tomarnos un café para ponernos al día, pero que si no me importaba, previamente le acompañara al banco para actualizar la cartilla tras 5 años en la cárcel. Accedí, así soy yo. Una vez dentro del Banco de España, todo fue muy rápido, se puso una media, gritó ¡todos al suelo esto es un atraco! Y me dijo que cogiera el dinero que la empleada ya empezaba a meter en las bolsas. Realizada mi tarea de improvisado cómplice, cogió el dinero y salió más pronto que volando. Yo aún estupefacto, sólo recuperé la conciencia al notar el frío de las esposas en mis muñecas. Creo que no pasaré un 28 de diciembre como este, y sólo me queda afirmar que ayer fui Inocente, pero sólo hasta que el fiscal, demuestre lo contrario…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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