POKER DE REYES


¡Bueno bueno, que nervios!, ya vienen los Reyes y yo con estos pelos. Hoy 5 de enero mi barrio se convierte en un conjunto de ilusión y buenos deseos. Sobre todo para aquellos que se han portado tan bien como yo. Dicen que en un día como el de hoy, puedes encontrar el mayor número de caras con un alto índice de inocencia reflejado en sus rostros. Yo, la verdad, haga lo que haga, la cara de pillo, no hay quien me la quite, pero espero que eso no sirva para que los reyes sigan de largo.


También comentan que, dependiendo de las facciones de tu rostro, los Reyes incluso se te pueden acercar cuando menos te lo esperas y saludarte. Eso sí que me haría ilusión, sería la envidia de toda la parroquia. Todo el año esperando un momento así, que digo todo el año, toda la vida. Porque hoy, estoy seguro de que en algún momento, sus majestades me verán y se darán cuenta de lo bueno que soy. Que aunque alguna que otra vez me haya portado mal, eso no significa que no tenga derecho a un privilegio tal.


Según algunos, sólo los más avispados han conseguido verlos de cerca e incluso tocarlos. Así que este año no voy a perder la oportunidad. Me he colocado en un puesto privilegiado. Dicen que pasan por esta parte de la calle seguro. El venir tres horas antes también servirá para que no se me adelante nadie y luego me quiten el puesto. La única cosa que me preocupa es que se me ponga cerca algún tío fortachón que a base de codazos me vaya desplazando y me acabe sacando de mi predilecta ubicación. Pero si creen que no he pensado también en eso están equivocados, me he puesto una escayola en una pierna, otra en un brazo y además llevo un collarín. ¡Tío listo me llaman! Supongo que de esta forma, tendrán cuidado conmigo y además contaré con el handicap de que los Reyes vean mi estado y se acerquen a mí. ¡Jaaa!, eso ya sería la panacea. Como funcione mi truco lo patento.


Bueno, que ya empieza a llegar la gente así que voy a apagar el portátil, no sea que de repente algún desaprensivo le de un golpe y me lo rompa. Y que sepan ustedes que si hoy en la inauguración de la nueva escuela de mi barrio, Don Juan Carlos y Doña Sofía se me acercan y me dan la mano, se lo contaré con pelos y señales. Ah, me parece que esta tarde hay una cabalgata, pero esa es de otros reyes…


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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