QUE FRÍO CARAJO…


Sigue la ola de frío en España dejándonos helados, aunque por suerte en nuestro archipiélago, no lo estamos pasando tan mal. El otro día llegué a escuchar en los informativos que se habían alcanzado los 18 grados bajo cero en algunos puntos de la península ibérica. No logro entender como puede bajar tanto la temperatura, sería casi como darle la vuelta al termómetro.


Tengo una amiga viviendo en Madrid, bueno, tengo más de una, pero me refiero a esta en esta ocasión, y curiosamente comentaba que tuvo que ir a trabajar en metro porque la cerradura de su coche se había congelado y la llave no entraba, además la nieve había provocado que se cerraran algunas calles en la capital por lo que el transporte más cómodo era en este caso, el subterráneo. La verdad es que no me imagino un sitio con tanta nieve, supongo que Pocholo y Coto Matamoros si que estarán acostumbrados además de encantados…


Unas temperaturas tan bajas en Las Palmas de Gran Canaria serían un delito para todos aquellos que nos gusta disfrutar de un paseo por la playa de las canteras o una carrerita por la avenida marítima. No me imagino, el paseo marítimo por excelencia de nuestra capital sin esos guiris de piel rosada con sus chanclas y sus calcetines blancos. Tampoco podría creer que la gente en vez de correr por la avenida hiciera esquí de fondo. Y menos, podría pensar que la charca de Maspalomas se volviera una improvisada pista de patinaje sobre hielo.



Lo que me sería más difícil de digerir sería el tener que vivir en un iglú, ya no por el frío de residir en una casa de hielo, sino más bien por la nueva oportunidad que se les daría a todos aquellos que ya robaron bastante en su día a través del boom de la burbuja inmobiliaria. Ahora, con este nuevo tipo de construcción se frotarían las manos viendo que con sólo comprar una fábrica de cubitos de hielo y robando nuevamente suelo público, volverían a tener grandes beneficios, algo que ya pasara hace muy poquito…


Sea como fuere, los Canarios estamos acostumbrados a una temperatura templada, algo así como nuestro carácter, y si algún día llega esa ola de frío siberiano a nuestro archipiélago, si de nosotros dicen por lo general que estamos aplatanaos, el gélido cambio nos convertiría en auténticos Banana Split.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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