¿VINO EL DEL VINO?

Seis, ese es el número límite que tenemos que marcar a partir de ahora en la botellita de vino que tenemos en casa. Y es que por lo visto, seis copas de vino al día no dañan el corazón según un estudio realizados por científicos españoles. Eso está bien, pero ahora viene lo malo, el estudio que demuestra los beneficios que tiene el alcohol para nuestro organismo también destaca que no daña el corazón, pero sí el resto del cuerpo.

No sé si ustedes tienen por costumbre tomarse media docena de copetazos de vino diarios, si es así sepan que tendrán un corazón como el de un caballo, pero a su vez estarán deteriorando el resto del cuerpo. Según la autora del informe, del departamento de salud del Gobierno Vasco, el estudio que han realizado no sólo abarca al vino sino al alcohol en general y de el se desprende que las bebidas alcohólicas reducen el riesgo de enfermedad cardíaca porque son vasodilatadoras y antiagregantes, algo que tendríamos que haber sabido todos a esta alturas.

Ya lo dijo en su día Mariano Rajoy en un encuentro público, al hablar de las excelencias de tan ancestral bebida y al vitorear “Viva el Vino”. El líder de los populares se convirtió de esta manera en el máximo precursor de la bebida al mostrar a los españoles lo bueno que es tomarse una copita, pero una, no seis.

De toda la vida hemos oído que aquellas personas que se toman una copa diaria de vino, viven más. Hay otros estudios que revelan que los que se toman de dos a tres, viven más y encima lo hacen muertos de risa. Claro, que los que se toman de cinco a seis, viven más, pero no se acuerdan ni cuando nacieron. Y más vale no hablar de aquellos que han dejado la bebida, pero se quejan por no saber donde.

Los beneficios del alcohol nadie los pone en duda, pero los perjuicios los han sufrido durante siglos aquellos que han encontrado en la botella a su mejor amigo por la noche, renegando al día siguiente de ella como si fuera la mayor tragedia de sus vidas.

Estimados tomadores com-pulsivos y sin-pulsivos, beber o no beber siempre ha sido el dilema. Las canciones de navidad nos hacían ver que hasta los peces bebían, y nos obligaban al cantarla a darnos cuenta de ello: “Pero mira como beben los peces en el río…” O sea que hasta los peces se tomaban sus traguitos. Y que decir de las representaciones de España en reconocidos festivales haciendo apología de la amalgama formada por el carácter nacional y las propiedades del etílico elixir.

O me van a decir que no recuerdan aquella canción de Francisco que decía: “Latino, tengo el calor de una copa de vino, mitad señor mitad correcaminos…”. Sobre este punto he de decir que al autor de la letra se le fue un poco el romeo. O eres señor o eres el correcaminos, a no ser que antes de beber seas un señor y después de hacerlo te conviertas en el correcaminos corriendo detrás de su presa. Eso sí tiene más sentido.

Beban o no, les guste el vino o no, sepan que todo en su justa medida es bueno y que son los excesos los que nos lo hacen pasar mal. Sólo tienen que ver al Barca de fútbol, tras las seis copas, no ha vuelto a tocar ninguna más y encima sus jugadores parece que no paran de tener problemas de salud. Ya lo dijo en su día el gran Stevie Wonder al avisarnos con su mensaje que dio la vuelta al mundo:“Si bebes, no conduzcas”. Y desde entonces le hago caso, cuando llevo un ciego arriba el coche ni lo cojo…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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