NO CAIGAS EN LA RED…

Un día más me tengo que hacer cargo de lo que sucede en la red de redes, o sea, en internet. Las redes sociales, algo de lo que se está hablando bastante últimamente, ya forman parte de la vida de muchos millones de habitantes del planeta tierra. Facebook, Twitter o MySpace copan los clickeos diarios de muchos usuarios, que únicamente utilizan su conexión de Internet para llevar una vida social, algo que quizá les resultaría imposible hacer en la vida real.

El peligro que tienen esta clase de redes no es otro que la escasez de privacidad que poco a poco, y por nuestra culpa, nos va absorbiendo la vida y apoderándose de todos los movimientos que hacemos día a día. Incluso, sin nuestro conocimiento, porqué ¿a quién no le ha pasado, verse en una foto que ni recuerda haberse sacado? El comentario posterior al verla es ese de…¿eh? ¿y quién me sacó una foto con la camisa por fuera y agarrándole aquello a aquella?

Ese es el problema. Un estudio reciente realizado por un grupo de abogados estadounidenses expertos en divorcios asegura que un alto índice de nuevos casos hace perder a alguna de las partes el proceso por la presentación, por “parte de la otra parte”, de pruebas sacadas de redes sociales. Ya me dirán ustedes, como vas a decir que no eres infiel en una demanda de divorcio por adulterio, si de repente sales en una foto en Myspace rodeado de 7 brasileñas que te ponen nata por todo el cuerpo. ¿Qué excusa vas a poner? ¿Qué pediste un capuchino y reventó el bote de nata encima tuya y por eso vinieron todas a limpiarlo?

Otro de los casos que se recoge en este estudio habla de las situaciones de baja por depresión. Las compañías aseguradoras ya cuentan con un topo que se mete en las redes sociales de sus clientes para investigar que es lo que hacen. ¿Cómo justificas tú una depresión si se te ve en una foto levantando un trofeo de ganador del último torneo de petanca del barrio, riéndote y con la botella de champagne en la mano? ¿O esa que sales en la playa con unos amigotes, marcando paquete y sonriendo a las bellas jóvenes que por la orilla pasean? Qué pasa, que para eso sí, pero para trabajar no, ¿verdad?

La cuestión en sí es que muchas personas confunden los contactos que tienen en este tipo de páginas con amigos, cuando lo único que son es espías. Con decirles que yo una vez, por eso de curiosear porque a mi no me gustan esas historias de internet, me agregué a una de esas redes sociales, pero con la genial idea de ponerme como nombre, Leticia Ortiz, Princesa de Asturias. Bueno, al minuto tenía mil peticiones de amistad. Que si Jaime de Marichalar, que si Belén Esteban, que si Jaime Peñafiel… y no sé cuantos famosotes más. Fíjense que a día de hoy, aún me buscan los efectivos de seguridad de la Casa Real, para hablar conmigo dicen. No sé que querrán.

Con esto, sólo quiero decirles que más vale guardar un secreto y reventar, que contar algo y no saber a quien llega. Porque estas redes, al final acaban enredando a más de uno y luego a ver como te desenredas. Y es por ello les hago partícipes hoy, de uno de mis pensamientos favoritos: “Si no quieres que se enteren, no lo cuentes”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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