QUE BORRASCA MAS PLASTA…


¿Se han dado cuenta del efecto borrasca que últimamente se ha acostumbrado a visitar nuestro archipiélago? Es una pregunta irónica, es más que obvio que ya lo habrán notado, a no ser que vivan en una cueva.


Las últimas lluvias nos han dejado las presas llenas de millones de metros cúbicos de agua. Sobre este tipo de medición he de decir que nunca he entendido porque el agua se mide en metros cúbicos cuando es más fácil medirla por garrafas o por botellas de litro y medio. Porque no me digan ustedes a mi que cuando van a la tienda de la esquina le piden al tendero una botella de Clipper de 0.0015 m³. Eso no se lo cree nadie, lo más normal es que le pidamos una botella de “Clipe de a litro y medio” y le agreguemos la coletilla de….”y apúntesela a Maruquita que ella viene después y se la paga”.


Bueno, pues lo que decía, que gracias a las lluvias, tendremos agua para nuestros campos aproximadamente para cuatro años. Claro, que si sigue lloviendo como lo ha hecho en estos días, el rebose de los embalses provocarán que terminemos siendo nosotros los que vayamos en balsas…


Me preocupa sobremanera que esto de la borrasca se vaya a convertir en un fenómeno habitual, no porque me moleste la lluvia como a los gatos, no, lo digo porque toda esta agua tiene que salir de algún sitio y con el deshielo de los polos, me da la impresión de que el nivel del mar ha aumentado y las nubes están recogiendo más cantidad de litros, y no metros cúbicos, haciendo que caigan sobre nosotros cuando menos lo esperamos.


Es cierto que el agüita ha dejado bellas imágenes en nuestra isla pero también ha provocado grandes destrozos. Como el de un sombrero de papel que tenía en la ventana de mi cuarto y que al mojarse ha quedado inservible, esa para mí ha sido una gran pérdida. Pero para pérdidas, las provocadas por el viento. ¿Se fijaron ustedes como sopló la pasada semana el vientito?


Conozco algunos casos que por culpa del viento se convirtieron en escalofriantes. Uno fue el de mi primo Paco, que al ver todo el viento que hacía no se le ocurrió otra cosa que tender la ropa de su mujer en la azotea para que de esta forma y con tanta sacudida, esta se planchara sola, tarea casera que le suele tocar a él. Pues cuando fue por la mañana a recogerla, no había ropa. Según me contó su esposa, lo último que supo de él es que estaba buscando por La Aldea una falda. Por lo visto, ya había encontrado la blusa a juego en Agaete.


Pero para mal caso el de mi concuña. La pobre es flaquita y poca cosa así que tuvo la mala suerte de que la borrasca la cogiera en plena avenida marítima. ¿Saben ustedes el viento que hace por esa zona? Pues fue tal la fuerza con la que la borrasca la “trincó” (como decimos los canarios) que llegó hasta Mauritania. Ahora está buscando una patera que no esté muy llena para volver.


Sé que muchas veces es difícil creer lo que cuento, en la mayoría de los casos, es difícil hasta oír (leer) mis historias, pero quiero que entiendan que todas tienen en común un eje principal y es quiero que se den cuenta de que todo se puede olvidar, ya sea bueno o malo, verdad o mentira. Y es verdad, y más en esta ocasión cuando dicen que: “Las palabras, se las lleva el viento”.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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