LA HERENCIA DE UNA…NO TIENE CIENCIA ALGUNA…


Que la filantropía está asociada a la riqueza es obvio, pero la excentricidad obligatoriamente no tiene porque estar ligada con la locura. Y claro es el caso de una vecina de Telde que tras su fallecimiento ha dejado una herencia de 3 millones de euros a dos asociaciones de defensa de animales, algo que muchos han tildado de acción demente.


La sorpresa ha sido general ya que las asociaciones en sí que recibirán tal cantidad son de lo más variopintas. La primera es bastante conocida y de actualidad, y es para la protección del Lince Ibérico a través de la Asociación Nacional Amigos de los Animales y la otra es quizá la más curiosa ya que es la Asociación para la Defensa del Borrico de Rute.


Efectivamente, esta nueva mecenas ha alegrado la vida de muchos animales y también de los Linces y los Borricos. Pero ¿qué impulsa a una persona a dejar todo su dinero a Asociaciones desconocidas o sobre todo, más que llamativas? Quizá el no tener descendencia podría ser una de las respuestas. Otra, la de haberte peleado con los seres de la raza humana y por eso prefieres que tu dinero vaya a los seres vivos menos racionales, y no hablo de los políticos.


El fundamento en sí de acciones de este tipo reside sobre todo en no confiar en el resto de personas que dicen ser “familiares” y que probablemente aparecen sólo cuando ya no hacen falta. He de decir que mis familiares los elijo yo, porque son aquellos que sé que estarán conmigo toda la vida, los otros son impuestos por razones genealógicas y no sabes en que momento te pueden fallar.


Pero centrándonos nuevamente en el dineral que esta mujer ha donado a estas dos asociaciones, me pregunto sobre todo, en que se va a invertir 1,5 millones de euros en cada una de ellas. Este dinero, por ejemplo, podría garantizar que el lince ibérico tuviera pedicura y cortes de pelo constantes en Salones como el de Llongueras. Y en cuanto al Borrico de Rute, se me ocurre que se le podría dar una educación adecuada para que dejará atrás su condición de burro hasta convertirse en un animal menos terco.


Lo que está claro es que cada uno hace con su dinero lo que quiere. Yo por ejemplo, ya he redactado mi testamento. Es más, incluso ya se ha leído y se ha entregado mis últimas voluntades a los dos únicos herederos que he querido designar. Al primero de mis herederos le dejo todo mi dinero, los 137 euros que me quedan a día de hoy. Esta cantidad irá a parar al Chorlitejo Patinegro, ave en vías de extinción. Y al otro heredero, que son mis 37 familiares más cercanos, les dejo todas mis deudas, que ascienden a 60 mil euros.


Sepan ustedes que sí he optado por hacer lo mismo que la protagonista de esta editorial, nuestra vecina de Telde, es porque prefiero dejar mi legado a un animal para que se convierta en mejor ser, a dejárselo a un ser, para que acabe convirtiéndose en un animal.



Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.


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