8 CENTIMETROS… SI QUE IMPORTAN…

Que los terremotos dejan consecuencias increíblemente desastrosas en los lugares que los sufren ya es un hecho conocido por todos y muestra de ello es lo sucedido en los últimos meses en diferentes puntos del planeta Tierra donde parece que los movimientos sísmicos han querido tomar protagonismo sin permiso y obviamente sin aviso previo. Sé que pueden estar pensando en que esta editorial va a versar sobre el desastre, el dolor y todo lo relacionado con la tragedia que deja tras de sí un fenómeno natural como este. Pero en realidad no va a ser así, porque si algo saben ustedes es que lo que caracteriza a estas editoriales es la manera de tratar la actualidad dándole un enfoque sátiro-humorístico sin hacer daño a nadie y siempre con el máximo respeto. Por eso les voy a contar esta historia.

Resulta que tras el terremoto de 8,8 grados que asoló Chile, la tierra vio desplazado su eje en 8 centímetros de su posición natural además de reducir la duración del día en 1,26 microsegundos. Ustedes se estarán preguntando que hay de interesante en todo esto. Pues la verdad es que mucho. En primer lugar, porque todo cambia cuando algo se mueve. Y es que, en un día normal habría entendido hechos como los que les voy a relatar, incluso tras una despedida de soltero también los habría pasado por alto, pero un martes cualquiera me resulta imposible entender lo que me sucedió.

En primer lugar, el desplazamiento del eje de la tierra provocó que cuando salí del trabajo, no encontrara mi coche. Claro, este estaba 8 centímetros más alejado de mi parking habitual, así que me metí en el coche de Ramiro, el de contabilidad que siempre lo deja abierto, y como mi llave no entraba, le hice un puente y de esta forma “involuntariamente” le robé el coche. Ramiro que es muy avispado al ver como alguien se llevaba su vehículo, llamó a la policía. Los agentes me detuvieron unos kilómetros más tarde y me llevaron a comisaría.

Durante el interrogatorio y tras sufrir el constante goteo de las preguntas del poli bueno y el poli malo y también del poli gordo, se dieron cuenta de que decía la verdad al afirmar que ese era mi coche porque eso era lo que yo creía. Sobre todo me dieron por imposible al ver que también afirmaba que vivía en el código postal 35011 de Vegueta cuando por culpa del desplazamiento de la tierra ese código postal ahora pertenece a La Isleta.

Los agentes no quisieron darme explicación alguna de porque era todo tan extraño, así que me metieron en un coche patrulla y me dejaron en la que es mi casa, pero que ahora pertenecía a otro barrio. Curiosamente, y según indicaba mi reloj, mi llegada al hogar coincidía con la hora a la que suelo llegar todos los días, pero aquí también me equivoqué pues al entrar en el salón encontré a mi mujer con el cartero en una actitud más que de pura transacción postal y todo porque el día se volvió más corto y llegué a casa 1,26 microsegundos antes.

La verdad es que ahora no sé que haré con mi vida puesto que el jefe también me despidió por haberme ido 1,26 microsegundos antes del trabajo. Sólo espero que las cosas vuelvan a su lugar, pero eso sí, esta vez que sea sin terremotos, sin muertos y sin desastre alguno.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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