QUEDA EN ENTREDICHO SI TENGO, O NO, NICHO…

¿Qué está pasando en Las Palmas de Gran Canaria que de repente no hay nichos libres? ¿Es qué uno va a tener que morirse en otro país o que? La noticia sorprendía a propios y a extraños,…nunca he entendido esta expresión, que tendrán que ver los propios con los extraños o es que acaso los extraños son impropios tan sólo por su simple condición de “foraneidad” social… Bueno, da igual, pues centrándonos en lo dicho, la noticia sorprendía a unos y a otros.

Y es que de repente, en estos días leíamos que el cementerio de San Lázaro ha colgado el cartel de “Todo lleno” provocando así que aquellos que deseen ser enterrados en un camposanto tan emblemático de la capital grancanaria donde confluyen muchos de los restos de nuestros seres queridos, no cuenten con hueco alguno si deseamos descansar junto a ellos. Yo la verdad es que no me había planteado hasta ahora algo así, me refiero a morirme. Y no se si esperar a que ocurra para no tener que pensar en un nuevo problema, que ya tengo bastantes como para encima empezar a pensar en que cuando estire la pata no tendré donde caerme muerto.

Sin embargo a estas alturas en las que la corrupción urbanística ha dejado casi sin suelo practicable nuestra isla, se deberían empezar a barajar diferentes opciones. Como por ejemplo, la de enterrarnos bajo el mar, miren que tenemos nosotros agua por todos lados y hacer un cementerio submarino no sería mala idea. Claro que no me veo a los familiares de los difuntos, poniéndose una escafandra y cargando con una bombona de oxígeno todos los domingos para llevar flores a sus seres queridos. Sobre todo porque no podrían llevar flores, tendrían que llevarles algas.

Y si con lo adelantada que esta la carrera espacial, urbanizamos algún planeta cercano y hacemos cementerios en satélites como Épsilon 4. Ahí si que estaría bien porque tendríamos mucho hueco y encima nadie nos importunaría con horarios de apertura o cierre.

Aunque creo que estarán de acuerdo conmigo en que la mejor opción es la incineración, una práctica cada día más habitual, porque te quedas los restos de tu familiar o ser querido y de esta forma ejecutas su última voluntad. Yo en mi testamento ya tengo estipulado que es lo que deseo que hagan con mis restos, pero si quieren saberlo, tendrán que esperar a que estire la pata, algo que mis enemigos desean ocurra con premura. Eso sí espero que si me decido a que me entierren en el cementerio de San Lazaro el problema de los nichos se haya solucionado y no tenga que pensar que lo que cantaba Mecano en los años 80 era cierto al asegurar que “No es serio, este cementerio”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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