¡¡PIERNAS INQUIETAS A LA VOZ DE YA !!

¿Sabían ustedes que hay una patología llamada “Síndrome de las piernas inquietas”? Pues sí, así es. Y aunque desconozcan aún cuales son los síntomas, hay que resaltar que el 15% de los españoles lo padecen. La rareza de esta enfermedad la encontramos en como se manifiesta.

Según la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas, que no hay que confundir con las Asociación Internacional de Piernas Abiertas a la que creo que pertenecen ilustres estrellas como Paris Hilton o Nuria Bermudez, este problema se refleja a través de molestias como pinchazos, hormigueo, inquietud o dolor en las extremidades inferiores.

Incluso aseguran desde la asociación que en algunas personas llega a provocar insomnio, algo que genera en quienes lo padecen que tan sólo lleguen a dormir 3 horas en una noche normal. Y es que conociendo este dato, se me ocurre qué personas lo han podido padecer a lo largo de la historia. Tal sería el ejemplo de Miguel Indurain que seguro ganó sus 5 Tours de Francia gracias a una dolencia como esta. Supongo que llegada la noche y ante la imposibilidad de conciliar el sueño, Indurain se subía a su bici y pedaleaba hasta que sus inquietas piernas le dejaban exhausto.

Otro de los conocidos casos de piernas inquietas fue el de Elvis Presley que marcó un antes y un después con su forma de bailar, en la que los caderazos que caracterizaban el rítmico acompañamiento de sus canciones eran provocados por la susodicha patología que le daba descargas y fuertes pinchazos en la zona lumbar haciendo que se contoneara de un lado a otro sin parar. Y encima todos imitándole.

Y quizá el caso más preocupante que conocimos hace unos años, sobre todo por la energía con la descargaba la tensión muscular de sus extremidades inferiores, fue el del bailarín Joaquín Cortés, que llegó a hacer añicos más de un tablao flamenco, pataleando sin parar hasta que se le fuese el hormigueo que le resultaba más que insoportable. Por cierto, el dato que refuerza mi teoría no es otro que la procedencia de Joaquín cortés ya que todos pensaban que era andaluz, cuando en realidad es gallego.

Lo cierto en realidad es que nada de lo aquí contado es verdad, como es habitual en todas mis historias, lo digo sobre todo para evaporar las ansias de demandarme de alguno de estos protagonistas. Pero lo que sí es cierto es que tiene que ser bastante molesto tener un problema como este, porque si de por sí es desagradable que tus piernas se muevan al ritmillo de una canción de Camela, algo que puedes parar cuando te das cuenta, esta patología es incontrolable. Y el pensamiento permanente que ronda la cabeza de todos aquellos que la sufren está más que claro: “Pies, para que os quiero”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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