EL VIEJO INDIO Y EL NIETO

Un viejo indio estaba hablando con su nieto y le decía: “Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi interior. Uno come cualquier cosa para sobrevivir y el otro, mata por el afán de comer”.


Ustedes se preguntarán el por qué de esta historia. La razón no es otra que llegada una época como esta del año, en la que lucimos palmito en la playa, empezamos a pensar en cuidar más de lo habitual nuestro cuerpo. En algunos casos alteramos nuestra alimentación sólo para adecuarnos a los canones estéticos que rigen la moda.


Digo todo esto porque hace unos días quedé con una bella mujer en un centro comercial para tomar un té, bajo en calorías, y charlar sobre la importancia de los agujeros de gusano en el Universo. El caso es que la esperaba ya en la mesa de la cafetería elegida, pues me adelanté a su llegada y al vernos, educadamente me levanté y la saludé afectuosamente. Al sentarnos pude fijarme que mi apretada camisa no le pasó desapercibida. Un detalle que no tuve yo a la hora de elegir mi indumentaria para tan importante encuentro.


Creerán que con este último detalle he intentado demostrar que mi estado físico es el de un musculado apolíneo, nada más lejos. De ahí que me sintiera incómodo ante su mirada a mi sobredimensionado estómago. Curiosamente a los pocos minutos, la joven se sintió indispuesta y se excuso indicándome que necesitaba ir al servicio.


Tras varios, y cuando digo varios, hablo de bastantes minutos, mi desesperación era tal, que había pagado la cuenta, tomado el té y levantado para marcharme hasta que pude ver como la joven regresaba. Ante el inesperado acontecimiento decidí comprobar porqué había tardado tanto, pero sobre todo porque había vuelto.


Mi pregunta fue muy directa pero sobre todo muy escueta: ¿Por qué te has ausentado durante 19 minutos si lo lógico en estas situaciones es que una mujer tarde menos que un hombre en ir al servicio y encima le da tiempo a retocar su maquillaje y cambiar de peinado? La respuesta que me dio no la habría esperado nunca: “Al entrar en el servicio, pasé inexplicablemente por un agujero de gusano y viajé hasta el futuro, en el, pude comprobar como las personas aún siguen amándose por ser como son y no por como intentan ser por su apariencia física. Así que he vuelto del futuro para decirte que no te preocupes por si tienes o no barriguita”.


La historia sobre el viejo indio y su nieto termina así…


El nieto, preguntó a su abuelo: “Dime abuelo, ¿cuál de los dos lobos crees que ganará la pelea que tienes en tu interior?”

A lo que el abuelo respondió: “Aquel que yo alimente”.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s