EN 13 MARTES…

Hoy es el día de los supersticiosos, martes y 13. Muchos lo confundirán con un dúo humorístico de los 80, también, pero en realidad es el día pensado para que te ocurra todo lo malo que puedas imaginar.

Entre las supersticiones más conocidas he de decir que me sorprende sobre todo esa de la sal, que si derramas la sal en la mesa tienes no se cuantos años de mala suerte. Si es así, yo estaría gafado porque suelo derramar la sal en la mesa debido a que por mi salero sale muy poca cantidad y además me sirvo directamente de ahí, parece que me saben mejor los platos así. Pues sobre esta creencia he de decir que a mí nada me ha pasado, lo único, que tengo la tensión por las nubes y me han dado ya cuatro infartos.

En cuanto a la de no pasar por debajo de una escalera, vaya tontería. Dicen que también eso da mala suerte. Yo en realidad nunca he hecho caso de esta superstición y en multitud de ocasiones he pasado por debajo de cualquier escalera que se me pusiera por delante. Lo único que me ha ocurrido es que, una vez, se me cayeron encima 4 bloques “de a seis” y me rompieron 3 vértebras. Y en otra ocasión, sí que recuerdo que me cayó un bote entero de pintura, con la casualidad de que esta se me metió en el ojo derecho y ando medio tuerto, pero nada más.

Y que me dicen de lo del gato negro. Que si pasa por delante tuya se te llenará el cuerpo de sarpullidos. Además esta superstición tiene una característica y es que el gato se ha de cruzar de derecha a izquierda para que se cumpla. Ante esta creencia he de decirles que tampoco he notado que me haya ocurrido nada. Lo único que recuerdo fue que pasó por delante de mí un gato negro y claro, como no veo por el ojo derecho despúes de que me cayera la pintura, le pisé la cola y se me lanzó al cuerpo dejándomelo lleno de arañazos.

Bueno, y ya sí les hablo de la gente que dice sentirse afortunada y cuando lo dicen, añaden: “hasta ahora no me ha pasado nada, así que voy a tocar madera”. Yo sólo lo hice una vez que recuerde y ante esta superstición he de decir que tampoco le encontré fundamento alguno a esta creencia puesto que lo único que me pasó al intentar emular a todos aquellos supersticiosos fue que al tocar la madera se me clavó una astilla que me atravesó el dedo.

Pero cuando me enteré de la existencia de la superstición que asegura que nunca ha de abrirse un paraguas en el interior de una casa, ni siquiera en un recinto cerrado y tampoco en el vestíbulo o porche de cualquier lugar porque contravenir este precepto da rienda suelta a un mal que, en ocasiones, puede desencadenar la muerte, sólo pude reírme ante tal bobería. Eso no se lo cree nadie. Recuerdo que en un día de lluvia abrí el paraguas al lado de la ventana de casa para asomarme con él y lo único que me pasó fue que me cayó un rayo encima y me electrocutó. Pero parece que estoy bien.

Ya les digo, que hoy martes y trece, a mi no me va a pasar nada porque aunque esté tuerto, lleno de arañazos, haya perdido medio dedo por culpa de una astilla, tenga un “bypass” por los 4 infartos y que mis vértebras rotas no consigan pegarse porque el rayo me fundió el calcio, sigo creyendo que las supersticiones no existen así que me voy a dar una vueltita por el parque con este bonito traje amarillo que me acabo de comprar para demostrarlo.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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