QUIEN TE HA VISTO Y QUIEN TE VE…



Se acabó el mal de la vista cansada. Una clínica oftalmológica ha llegado a conseguir el avance que todos esperábamos hace años, la eliminación de la presbicia. En un primer momento, cuando fui al oculista y me dijo que tenía presbicia pensé que me había equivocado de consulta y estaba en un confesionario eclesiástico ya que antes pensaba que la presbicia era la presencia del vicio, pero nada más alejado de su significado real. La presbicia, según me corrigió el médico se traduce en la necesidad de tener que utilizar gafas o lentillas para ver de cerca.

Desde hace algunos años llevo sufriendo de presbicia o vista cansada. El mal comenzó cuando me dio por dejar de saludar a gente que no me caía muy bien. Cuando me paraban por la calle porque no les había saludado, les decía que tenía presbicia y ante su estupor, luego añadía que era una patología que te imposibilitaba el ver de cerca, de ahí que al pasar por mi lado, no me diera cuenta de quien tenía cerca. La verdad es que me vino muy bien la excusa durante años. Lo malo es que luego se convirtió en realidad.

Ahora, la presbicia me imposibilita ver las cosas más cercanas, es tan pequeña la distancia ocular que cubro en la actualidad que me sería imposible encontrar un pajar en una aguja. Hace no mucho tiempo, salí a la calle en busca de una farmacia para medirme la tensión y cuando salí de lo que creía ser una botica, tenía un tribal en un brazo, me había metido en un centro de tatuajes.

Lo más curioso de este mal es que se empieza a padecer a partir de los 45 años y se produce por la rigidez del cristalino. Mi médico dice que tengo el cristalino tan rígido que si intento doblarlo se romperá. Por lo que tengo pensado someterme a esta operación consistente en moldear la córnea a través de un tratamiento láser. Un rayito de nada y volveré a ver de cerca, además me han asegurado que también veré de lejos. Estoy en el médico aunque no se lo crean. La operación tarda 10 minutos. Si son pacientes y dejan que suene la música, les cuento enseguida.

Bueno, ya está, estos 10 minutos han pasado antes de lo que esperaba y ahora lo veo claro. Llevaba años llevando barba cuando pensaba que se me pegaba el pelo a la cara. Además tengo una novia tan fea que el médico ha decidido no cobrarme la operación al ver mi descontento. Ya lo dijo Victor Hugo: En los ojos del joven arde la llama, en los del viejo, brilla la luz. Así que pienso, tendría que haber mantenido la llama y no encender esa luz…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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