AY QUIEN MANEJA MI BARCA QUIEN…

¿Les gustaría probar una experiencia completamente novedosa? Hay quienes ya se atreven a ser náufragos por un día. Es el caso de un grupo de estudiantes de la Universidad de La Laguna que han decidido permanecer 24 horas a la deriva para experimentar las sensaciones de un náufrago. La experiencia en sí no es la primera vez que se realiza, según fuentes de la Delegación del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife, está será la segunda ocasión que se lleve a cabo un ejercicio de este tipo. Sobre el primer intento no han aportado nada, debe ser que a lo mejor los conejillos de indias que se prestaron a tal empresa aún siguen a la deriva.

Los elegidos han sido 60 alumnos de la facultad de especialidades como Puente de Máquinas y Radio Electrónica Naval. El ejercicio aunque no deja de ser real dista mucho de lo que sería una auténtica situación de naufragio puesto que, aunque no llevarán comida ni bebida, si estarán en dos botes salvavidas provistos de chalecos, refleflectores, radar, abundante ropa de abrigo, equipos de comunicaciones, linternas, anclas flotantes, rezones o navajas. Vamos, que tan sólo les faltó llevarse un televisor y un dvd para no aburrirse.

La experiencia podría resultar más real si en ella se prescindiera de todo aquello que dejarías atrás cuando lo único que te puede salvar la vida es abandonar el barco lo antes posible. Hace muchos años, fui protagonista del hundimiento de un gran transatlántico y puedo decir que fui de los pocos supervivientes. Mi rápida actuación propició que hoy les pueda contar mi vivencia.

El gran navío en el que viajaba no divisó en la oscura noche un gran glaciar y chocamos con el, instantes después, la sala de máquinas y gran parte de las dependencias del buque se anegaban a gran velocidad. Ante esta situación fui de los primeros en abandonar el coloso marino, ya saben, las ratas son las primeras en abandonar el barco. Lo único que me reprocharon las autoridades al llegar a tierra fue que utilizara un bote para 50 personas sólo para mí, y encima era el único que estaba provisto de motor.

Pero lo que les quiero decir con esto es que mi vivencia fue real, porque no tenía radio, ni chalecos, ni nada que pudiera facilitar mi naufragio. Sólo mis calcetines negros, para evitar ser comido por los tiburones si caía al mar, y la placa del barco que robé antes de abandonarlo, el Titanic, que bonito nombre para un barco. Además de lo nombrado, mi experiencia no tenía hora límite como la de estos chicos que lo único que aprenderán en 24 horas, será a utilizar una radio en alta mar sin sus profesores y sin control de nadie. No descarten ustedes que hasta hagan botellón en las balsas.

Aún así como experiencia está bien, sólo espero que el océano sea tan benevolente con ellos como lo fue conmigo y que no les juegue una mala pasada. Si dicen que el mar es traicionero, más peligroso es aquel que cree saberlo todo del gran gigante azul.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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