¿ME ESTÁS HABLANDO A MÍ?



Hoy es lunes y no estoy de humor. Es más, estoy de humor pero del malo, o sea, de mal humor. Por lo visto no soy el único que llegado este día siente aversión por todos aquellos que desean mostrarse amables con él a tan tempranas horas y encima en el día más odioso de la semana, el lunes.


Esto se debe a una activación excesiva de la dopamina, lo que explicaría ciertas conductas antisociales en personas normales. Porque a día de hoy me considero una persona normal. Bueno, el tic constante que tengo en un párpado y el balanceo incontrolable que sufro cuando me siento, creo que no tienen nada que ver.


Aún así, estoy seguro que muchos de ustedes han sentido la imperiosa necesidad de mandar a callar a alguien que no para de hablarles en una de esas mañanas en la que sólo deseas llegar a tu puesto de trabajo para que sea el jefe el que no pare de “comerte la oreja”, término de la juventud de hoy que significa “volverte loco”.


Muchos son los casos que se han dado, en la guagua por ejemplo, yo llegué a no sentarme nunca aunque la guagua estuviera vacía sólo por el simple hecho de que no se me sentara nadie al lado y que me diera conversación a las 7 de la mañana. Y que me dicen de aquellas personas que cuando tienes que hacerte un análisis de sangre a las 8 de la mañana empiezan su interrogatorio con la pregunta que les abrirá la puerta a tu expediente médico: ¿Están llamando ya? Cierto es que la cuestión es inofensiva pero las siguientes son las que no controlas y al final esa persona sabe lo que tienes, el remedio y encima te aporta 10 casos como mínimo de personas que tenían tu patología.


Con esta perorata no quiero que piensen que soy un antisocial ni mucho menos, ahora estoy felizmente casado, aunque es mi segundo matrimonio. Mi primera mujer tuvo el atrevimiento de hablarme un lunes por la mañana mientras la llevaba al trabajo. Ahora está a tres metros bajo tierra. Es ingeniera de túneles y está trabajando en un nuevo proyecto, proyecto por el que me dejó.


Con mi actual mujer me va estupendamente, no me habla los lunes por la mañana. De hecho, no me habla por las mañanas. Es más, ahora que lo pienso no me habla nunca. Y sin ir más lejos, el día de la boda no dijo “Sí quiero”, tan solo asintió con la cabeza por lo que deduzco que mi mujer es muda. ¿Y ahora con quien discuto?


Es lo que tiene el ser humano, que nunca está conforme con lo que tiene. Por cierto, si me ven por la mañana no me hablen, hay cosas que nunca cambian.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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