DUERMETE NIÑO…DUERMETE YA….



Hoy toca encuesta. Les voy a hablar de la relación calidad sueño – años de vida. Investigadores de la Portland State University de Oregón, que no Orejón, en Estados unidos, han asegurado que la longevidad saludable puede estar condicionada por el buen dormir. Lo que se traduciría de la siguiente forma: Entre más duermes, más tiempo vivirás.


Cierto es que el estudio no es nada revelador. De siempre se ha dicho que aquellos que más duermen tendrán más años de vida para emplear el tiempo que en su día perdieron durmiendo, algo que no les sucedió a los que vivieron aceleradamente y consumieron sus horas de sueño trabajando.


La encuesta nos muestra como aquellas personas que duermen 7 horas y media diarias presentan una mejor calidad del sueño asociada a un incremento en su esperanza de vida. En el caso de los ancianos centenarios, las horas de sueño aumentan y pueden llegar a 10 horas.


Me gusta conocer este tipo de estudios porque así se cuantos años voy a vivir. La relación es bastante sencilla: si un anciano que duerme 10 horas llegará a los 100 años, yo que duermo 15 horas siendo joven llegaré aproximadamente a los 150 años, y todo eso si no sigo la progresión positiva de mi descanso ya que si aumento mis horas de sueño puede que llegue a vivir hasta los 200 años.


Pero es que no me digan ustedes a mi, que el sueñecito no es rico rico. Eso de poner el despertador, ver lo temprano que es, llamar al trabajo y decir que estás malo y seguir durmiendo no tiene precio. Y creo que la siesta si que es el elemento fundamental de nuestra vida. Un día sin siesta sería como dormir en una cama sin colchón.


Además el estudio no va nada desencaminado puesto que hay algunos que siguen durmiendo aumentando sus años de vida. Tal es el caso de Walt Disney que sumó su descanso a un potente congelador y ahora vive un frío sueño a la espera de ser despertado algún día. Por eso supongo que creó a La Bella Durmiente, otra que si no llega a ser por el príncipe de turno que la despertó con un beso, aún estaría disfrutando de un buen sueñecito. Por cierto que sobre este despertar estoy seguro que la joven salió del letargo en el que estaba sumida por el mal aliento de su inesperado “despertador”.


Por lo que para finalizar y ante todo lo relatado hoy aquí sólo me queda proponerles que lleven en sus maletines de ejecutivo, mochilas de currantes o bolsos “Pucchi” de funcionarias, una almohada para dormir entre horas. Y si en algún momento el jefe interrumpe nuestro sueño, que la respuesta sea clara y contundente: Si me deja dormir jefe, podré trabajar hasta los 100 años. Así seguro que nos deja trabajar…a pierna suelta.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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