COFFE BREAK…

De café va la cosa hoy. Ayer, me sentía alicaido, y decidí tomarme un buchito de café, algo inhabitual en mi persona. Los efectos que me provocó esa pequeña tacita de café, me han abierto un nuevo mundo, el marrón mundo de la cafeína.

Ante tal descubrimiento, ayer por la tarde decidí ahondar más sobre el beneficio que me puede aportar el café y como no podía dormir la siesta debido al buchito que me había tomado a tempranas horas, tras navegar por internet, encontré un magnífico estudio que me revela que el café es idóneo para evitar los accidentes laborales. En principio pensé que el café podía reducir los errores laborales porque seguro que cuando estos sucedían el personal estaba tomándoselo o preparándolo, pero no es el caso.

Según relata el estudio desvelado por un grupo de científicios del Grupo de colaboración Cochrane, no me pregunten quienes son ni a que se dedican porque yo tampoco lo se, la cafeína ayuda a cometer menos errores laborales y mejora el rendimiento. Ese es el verdadero secreto del café. Y aquellos que dicen a primera hora de la mañana, “si no me tomo un café no soy persona”, están algo desencaminados, porque no serán personas aunque se lo tomen. El oscuro brebaje es tan sólo una excusa para creer que son normales. Digo esto porque el efecto del mismo actúa como un placebo ya que no empieza a hacer efecto hasta pasadas dos o tres horas, debido a su lenta absorción.

Sobre la seguridad que puede darnos la mágica bebida, los expertos se basan en la cafeína, ya que debido a su rol potencial esta nos libera del sueño o el cansancio acumulado, pero… ¿y si dejamos de dormir y vivimos a base de cafés para trabajar más y así ser más ricos? Pues al final esto nos pasará factura, ya que por todos es sabido que los excesos son malos y para algunos el café es un gran excitante y no me refiero a nada sexual sino más bien a su poder de elevar la tensión, y no hablo de la tensión sexual.

Sobre mi experiencia he de decirles que al no tomar café, me sentí bien, pero a la vez tampoco me sentí mal, con lo cual parecía que estaba es un estado de absoluto equilibrio. Eso fue por la mañana, ya a mediodía cuando me tocaba hacer la siesta como a los bebes, no pude conciliar el sueño y me dediqué a escribir, de ahí que ahora piense que el café no me ha ayudado mucho, puesto que ustedes ya saben que soy partidario de dormir 15 horas al día.

Pero lo que ya colmó la gota que llena la taza de café, fue comprobar que mi noche tampoco fue como las de siempre. Conté ovejitas, conté estrellas, conté contadores, con té caliente tampoco logré dormir, así que aquí me tienen ustedes, un día después sin dormir, y sin sueño. Por lo que creo que dejaré de tomar café. No es bueno para mí, sobre todo si pienso en gente como Martin Luther King que no tomó café al comenzar uno de sus grandes discursos: I have a dream, (he tenido un sueño). Con lo cual deduzco que había dormido y por eso tuvo un sueño. Porque no había tomado café.

Lo peor de todo ha sido lo que me pasó al llegar a la oficina hoy, al beber mi primera taza de café ayer, mi jefe pensó que tendría en mi un aliado matutino y esta mañana al llegar al curro me ha dicho: Martín, hay café. Le expliqué que no había dormido y que ya no quiero tomar más la bebida maldita. Pero su respuesta no fue la que yo pensaba. Lo que me dijo fue, Hay café…hay cafeitarse….No recordaba que mi jefe era tartamudo…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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