VAYA VAYA, AQUÍ NO HAY BAYA…

Pues vaya con el Goji. No piensen que me he enfadado con alguien de extraño nombre, no. Estoy criticando a algunos que en un breve espacio de tiempo se han lucrado de forma indebida de aquellos que buscaban una mejora de su salud. Les hablo de las “Bayas de Goji” y su gran campaña publicitaria.

Hace tan sólo unos meses llegaba a nuestros oídos la noticia de que un milagroso producto procedente de las fértiles llanuras del Himalaya, gracias a sus beneficiosas propiedades podía cambiarnos la vida mejorando nuestra salud. Obviamente, lo que sucedió después es bastante evidente. Aquellos que tenían la posibilidad de distribuir el alimento, no tardaron en dar bombo y platillo a las citadas bayas y comenzaron a realizar una distribución masiva del mismo a un precio nada económico.

Las Bayas de Goji tomaron los escaparates de todos los comercios cuyos propietarios creían ver en ellas una mina de oro en esta situación de crisis. Es muy evidente que la gente cuando se trata de su salud no escatima en gastos por lo que muchos aprovecharon el tirón y habrían sacado menos beneficio si le hubiesen dado un tirón, pero de bolso, a alguna ama de casa. Se que el precio varía dependiendo si las compras en uno u otro comercio pero en internet, las mismas las podemos encontrar por 12€ el kilo o 1,60€ los 100 gramos.

Quienes han dado la voz de alarma ante tan fraudulento plan de marketing han sido diferentes y reconocidos nutricionistas que, al realizar un exhaustivo estudio de la planta en si, no han encontrado esas magníficas propiedades de las que se hablaba. De las mismas se decía que podían frenar los signos del envejecimiento, mejorar la vista, cuidar los riñones o el hígado y una larga lista de propiedades que no tengo tiempo de enumerar.

Los mismos estudios que se han realizado a las bayas, señalan que no tienen ninguna propiedad beneficiosa especial, aunque también han demostrado que sí son ricas en antioxidantes, minerales o vitaminas pero en la misma cantidad que podríamos encontrar en las ciruelas pasas o en el cacao en polvo con la consiguiente diferencia de precio.

Sólo cabe esperar que todos aquellos que depositaron su confianza en la mentira de este producto milagroso no hayan perdido la fe y si en el tiempo que las han tomado se sentían más jóvenes, habían notado mejoría en su vista o se sentían menos cansados que sepan que eso lo ha provocado la propia mente gracias al efecto placebo y que sí pensábamos que unas minúsculas cositas rojas nos hacían tanto bien cuando era nuestra sugestión la que nos aportaba beneficio alguno, ¿qué podrá hacer nuestra mente cuando la podamos controlar algo más?

Y fue muy cierto lo que en su día dijera Anatole France, al asegurar que “Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.Justificar a ambos lados

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