HOTEL – ITO

¿Se han fijado en la cantidad de programas que han aparecido en la parrilla televisiva y que nos dan la brasa poniéndonos los dientes largos a la hora de cenar? Primero una de casas super-flipantes de gente con muchos recursos y que vomitan dinero. Luego, otra de mujeres que viven en Hollywood y que muestran lo difícil que es vivir constantemente guapas, vamos un martirio y sobre todo muy económico mantenimiento, el de tanto chasis viejo. Y hace unas semanas, la vida de 4 o 5 señoras ricas, que entre caprichos y otras historias, van dejando caer billetes por allí por donde pasan.


El último en sumarse a la actual lista de estos programas es uno que va sobre hoteles. En el se hace un recorrido por los diferentes tipos de establecimientos que existen, ya sean de lujo o más humildes, y sobre las historias que puedan contar sus huéspedes o los trabajadores del complejo.


Este programa me ha hecho pensar en la cantidad de veces que he tenido que viajar alrededor del mundo y hospedarme en los lugares más recónditos del planeta. Una vez, sin ir más lejos, porque fue aquí cerca, en Tenerife, me tuve que hospedar en un Hostal que parecía sacado de una película de José Luis López Vázquez. Los motivos psicodélicos de las paredes y las moquetas marrones de las habitaciones provocaron que saliera de allí a los dos días, sin pelo, con un gran bigote y diciendo: ¡¡¡Pero como están estas suecas…!!!


En otra ocasión mi opción de hospedaje fue algo peor. Mientras recorría Estados Unidos en una ranchera, tuve que pasar la noche en un Motel de carretera. Para que nadie supiera que había pasado por allí firmé como John Smith. Al mirar la lista de inquilinos, otros 15 John Smith se quedaban esa noche en el mismo establecimiento. Lo que no me dijo el recepcionista es que tenía que compartir mi habitación con una cucaracha casi tan alta como Torrebruno, que en paz descanse, torrebruno, no la cucaracha. Pero el problema no era las cosquillas que me hacían sus patas, el problema es que roncaba exageradamente.


Ya por último y después de tan malas elecciones, he decidido dar un paso más allá y pasar una noche en un gran hotel de lujo. Me merezco unas buenas vacaciones y he elegido un lugar paradisíaco recomendado por el de la agencia de viajes. El hotel se llama “Más allá de lo conocido”. Sólo el nombre ya gusta porque según me comentó es el sitio más tranquilo del mundo, no funcionan los móviles, no hay tele y nadie te molesta. Es más, me dijo que todo aquel que ha ido no es que no quiera volver, es que no puede. Así que allá voy, destino al Triángulo de las Bermudas. A la vuelta les cuento que tal fue…


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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