BANCO MOLOKOS



Aún me cuesta creer que hace unas semanas despidieran a una joven en Norteamérica por ir demasiado guapa a trabajar. En una época en la que la igualdad debe estar más que patente en los designios habituales de nuestra sociedad, hechos como este, ponen en entredicho lo anteriormente dicho. Vamos, que aún no me lo creo.


Por lo visto, la joven neoyorkina de origen puertorriqueño e italiano, perdió su trabajo por ir a trabajar demasiado sexy, algo poco común tratándose de un banco en el que te exigen buena presencia y vestimenta adecuada. Pero el término vestimenta adecuada deja mucho que desear cuando de la banca hablamos, porque… ¿es acaso una corbata y una chaqueta la vestimenta adecuada para tratar a un ciudadano de a pie, obrero o similar que se gana la vida con el sudor de sus manos y que se siente intimidado ante un traje que quizá podría costar más que su jornal mensual?


No descarto que quizá esta joven utilizara minifaldas más minis que faldas, pero supongo que la situación se tornaba aún más peligrosa para los dueños de la entidad cuando eran los propios empleados los que distraían su atención de sus “que haceres” para girar el cuello 180 grados al ver pasar a su compañera. Actitud de estos trabajadores que en términos bancarios se suele denominar como: “valores al alza con todo tipo de interés”.


Cierto es que existe un cierto toque machista en el despido de esta joven pero también hay que ver como eran los atuendos de la susodicha. No por valorar si el despido era o no correcto sino más bien, por ver los atuendos.


Quizá un dato preocupante que ha generado este tipo de hechos es que salte a la luz una premisa fundamental que prima ante la preparación en algunos trabajos y que no es otra que la presencia física y la belleza. Es por todos conocido, que es muy difícil encontrar a un joven ejecutivo que sea feo, o alguna directora de sucursal bancaria que no sea alta y esbelta. Ante estos casos, podríamos estar hablando del destierro de la inteligencia por culpa de la conquista de la imagen.


No quiero ser mal pensado, pero a lo mejor la joven neoyorquina protagonista de esta historia no estaba tan preparada como en un principio pensaron aquellos que se vieron cegados por su belleza y su físico a la hora de contratarla y tras ver que sus limitaciones eran bastantes, optaron por deshacerse de ella. Lo que a lo mejor no pensaron es que esta iba a ser tan lista al demandarles por algo que hasta ella misma vio y fue que se la contrató por su imagen.


Ahora bien, no crean nada de lo que he dicho ni piensen que alguno de mis comentarios ha sido acertado puesto que sólo me he basado en conjeturas y criterios poco elaborados ya que si les digo la verdad, lo mío no es pensar puesto que si fui contratado en este medio, fue por lo guapo y esbelto que soy y no por otra cosa. Ya lo dijo Albert Einstein: La belleza no mira, sólo es mirada.



Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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