BUEN PROVECHO…

Hoy el tema de la editorial voy a dejar que lo adivinen y la voy a comenzar como si de un acertijo se tratara: Es comestible. Todos lo sabemos pero nada hacemos al respecto. Cuando nos preguntan decimos que pocas veces la ingerimos cuando es todo lo contrario. Y cuando nos referimos a ella lo hacemos como todo el mundo, aunque si pensáramos bien en la acepción que le estamos dando nos pensaríamos dos veces si comerla o no…


Pues efectivamente es la comida basura. Aunque las cadenas de restauración que la sirven insistan en llamarla “Cómida Rápida”. Creo que el primer término es bastante radical aunque tras conocer el último y revelador estudio sobre este tipo de alimentos tendríamos que llamarla de otra manera. Y es que según Paul Johnson, del Instituto de Investigación Scripps en Jupiter, Florida, la comida basura provoca un comportamiento adictivo similar al de la adicción a la heroína. ¿Cóomo se les queda el cuerpo?


Dicho así podría parecer muy fuerte y aunque la teoría se basa en estudios realizados directamente en ratas, las impresiones y conclusiones que se han sacado del mismo revelan que estas ratas adictas a un alto contenido de grasa, y expuestas a dietas altas en calorías las hizo menos sensibles y provocaba en ellas una situación parecida a la de ir de borrachera, algo que producía que lo roedores consumieran más y más comida. Hecho que se produce igualmente con la heroína.


Pero lo más preocupante de todo esto es lo que comentaba en forma de adivinanza al principio de la editorial y no es otra cosa que la negación de afirmar que somos muchos los que aprovechamos la excusa de tener poco tiempo o echar mano del conocido “ya que estoy aquí…” para ingerir este tipo de comidas.


El síntoma más claro de adicción que presentan en los humanos es sobre todo eso, el deseo y las ganas de comerse un menú de este tipo cuando menos te lo esperas y la ansiedad que genera el encontrar uno de estos locales cerrados cuando tenías un mono considerable y la única opción que te queda es irte a casa sin comer, porque lo que tienes en tu nevera, no te sacia de la misma manera.


No se si ustedes tienen afinidad o no por este tipo de alimentación pero la cosa empieza a preocupar puesto que el otro día un aparcacoches, no asalariado ni afiliado a ningún tipo de seguridad social, o sea, un autónomo liberado sindical, intentó realizar un negocio conmigo. Él, muy solícito y tras ayudarme a aparcar con unos gestos dignos de cualquier operario de tráfico, se prestaba a vigilar mi coche el tiempo que yo fuera a estar fuera por el importe exacto de un “Hapy – Mil” o en detrimento de este, el que diera para dos “Chis-Burguer” o hamburguesas de queso. Ahí fue donde vi el problema.


Por lo que estimados oyentes (lectores) sean consecuentes con lo que puede causar en nuestro organismo una alimentación de este tipo y procuren comer adecuadamente, no me gustaría ver a ninguno de ustedes tener que pasar por una clínica de desintoxicación tipo: “Restaurante de Dieta Mediterránea La Eva” o “Comidas Caseras de Mamá Lorena”, que si van, sea por voluntad propia y no obligados. Ya lo reflejaba Quitiliano en su máxima: Esse oportet ut vivas, non vivere ut edas (Conviene comer para vivir, no vivir para comer ).


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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