JUEGO, SET Y PARTIDOS POR LA MITAD…

Lo que ocurrió la pasada semana en el Torneo de Tenis de Wimbledon no dejó a nadie indiferente. Sucedió algo que demuestra que el deporte, sea cual sea su categoría siempre puede sorprendernos. En el All England Club, se pudo vivir el partido de tenis más largo de la historia. Fueron 11 horas y 5 minutos los que tuvieron que transcurrir para que en un partido de primera ronda se pudiera conocer a su vencedor.


Los que disputaron tal hazaña fueron el estadounidense John Isner y el francés Nicolás Mahut. Sé que para nadie son conocidos y así seguirán siéndolo porque el partido sólo será recordado por su duración y no por el buen juego desplegado por sus jugadores.


Quizá el hecho más destacado que tuvo el partido fue que se tuvo que jugar durante tres días, aplazando el mismo en dos ocasiones por la falta de luz. Al parecer, llegó un momento en el que el juez de silla, que no es aquel magistrado que condena las acciones de tan ancestral asiento, sino que más bien, es el que determina la validez de los puntos, habló con los jugadores para decirles que si seguían así tendrían que pagar a medias la factura de la luz, porque un partido de este tipo solo recogía una serie de watios para un día y ellos ya se habían pasado.


También los preparadores físicos de los jugadores al ver como se estaba desarrollando la jornada, cuando alcanzaron las 5 horas, fueron previsores y pidieron a los agricultores canarios que enviaran media tonelada de plátanos para poder afrontar el resto del partido. Unos plátanos por cierto, que aportan potasio y la cantidad de azúcar exacta para seguir realizando una actividad deportiva en condiciones.


Pero el número de horas de juego no fue el único record que se dio en la pista. También se consiguió superar el número de aces, o saques directos en un partido, que se situó en esta ocasión en 215. Fue tanta la potencia con la que se llegó a sacar que en uno de estos saques, el norteamericano le dio tan fuerte a la bola, que tras la pelota, le salió volando el brazo. Problema que con unos puntos de sutura se pudo arreglar.


Quien en realidad me da pena en todo este asunto es el jardinero que tras esperar a que estos dos se explayaran pasando la decena de horas, él, tuvo que emplear el doble en recomponer el césped de la pista que al final acabó por desaparecer puesto que tras la octava hora de juego, los tenistas parecía que estaban disputando el partido en la playa de las Alcaravaneras, por la cantidad de arena que allí había.


Quien ganara o no el partido poco pudo importar, porque lo que nos dejó satisfechos a todos fue ver como por tres días, dos hombres mostraron al mundo sus pelotas… y sus raquetas y sus playeras y sus gorras…no sean mal pensados…


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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