PONGASE MALO…QUE NOS SOBRAN FARMACIAS…

Hoy, toca estudio. El último interesante que he encontrado habla sobre el número de farmacias que hay en España, pero como es lógico yo, me voy a centrar en las que tenemos en Canarias.


La investigación refleja que el número medio de habitantes por farmacia en nuestra comunidad autónoma es de 2.980 mientras que el índice de personas para este tipo de establecimientos en España se sitúa en 2.209, lo que demuestra que en nuestro archipiélago hay muchas, muchas farmacias de más.


Pero, ¿qué extraño fenómeno ha provocado que se hayan incrementado en Canarias las farmacias? Al parecer, que la gente esté enferma y necesite un lugar donde comprar sus medicamentos sería lo más lógico, pero no hablamos aquí de lógica sino de ingresos ya que una farmacia genera unos beneficios netos de un chorrociento de euros para aquel que sea titular de la misma. Digo chorrociento de euros porque no dispongo de un dato fidedigno que demuestre que es mucho el dinero que entra, pero estoy seguro de que no es poco.


Y es que el término de, de todo hay en Botica sigue estando vigente a día de hoy, es más, de todo, de todo, hay en estas nuevas boticas, porque ya a nadie le sorprende observar que hasta te vendan gafas graduadas, algo de lo que antes se encargaba una óptica. Pero no es la única sorpresa que encontramos en el establecimiento de mejora de nuestra salud puesto que mientras nos miden la estatura, controlan nuestro peso y chequean nuestra presión arterial, podemos comprarnos un kit de blanqueamiento dental y salir con una sonrisa de lo más destellante y con unos parches adelgazantes incluso más flacos.


Y si se paran a pensar un poco, el refugio ideal si se acercara una catástrofe nuclear sería la farmacia porque podríamos escondernos en esos cajones que al abrirlos parecen no tener fin y que a buen seguro si buscamos el final lo encontramos en otro país, cajones por cierto que dado su material, seguro que rechazaría cualquier tipo de radioactividad.


Una vez limpia la atmósfera, pero para no arriesgarnos podríamos salir de nuestro escondite para intentar llevar una buena vida en nuestra farmacia. Allí podríamos alimentarnos de leche para bebes y compotas, aumentar nuestras defensas gracias a los complejos vitamínicos, evitar caer en una depresión tomando antidepresivos, no aburrirnos leyendo y leyendo los miles de prospectos de tanto medicamento y haciéndolo gracias a las gafas graduadas que podemos encontrar en el expositor de turno. Comernos unos chicles sin azúcar para evitar tener mal aliento y si no estamos solos y no queremos que el mundo siga tenemos hasta algún método anticonceptivo al alcance de la mano. O si queremos que el mundo continúe pero no estamos de ánimos, seguro que alguna viagra de esas acabaríamos encontrando.


Así que si algún día ven que se aproxima el fin métanse en una farmacia, que además por suerte, y como indicaba el estudio que les comentaba en el comienzo de esta editorial, aquí en Canarias las tenemos a cada cinco pasos.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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