EL BURRO DE LA GRAN BARRIGA…

Que lastima lo que tenemos que pasar aquellos que vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Llegado Julio, y consecuentemente también en agosto, un extraño fenómeno meteorológico se apodera de la ciudad sumiendo a la misma en una eterna penumbra que sólo encuentra luz, en la noche y sus estrellas. Obviamente les hablo de la panza de burro.

Como si de una maldición se tratara, llegados los meses de verano, la capital de Gran Canaria ve como se nublan sus cielos y somete a los que habitamos en esta parte de la isla, a una especie de microclima con efecto invernadero incluido. Es difícil, por no decir que prácticamente imposible, que en la temporada veraniega podamos ver un rayito de sol escapar por esta densa masa de nubes que ocupa.

Como se recoge en la Enciclopedia Guanche, para todos aquellos que desconozcan que existe una copia pero en este caso autóctona de la Wikipedia, que sepan que la hay, este fenómeno se produce por acción de los vientos Alisios, que no llevan su nombre precisamente por ser los hijos de “Alisia”. Vientos que soplan principalmente desde el Norte y hace que las nubes vayan chocando contra las laderas de las montañas produciendo la acumulación de nubes hasta una cota aproximada de 1500 metros de altitud. Este fenómeno da lugar al llamado mar de nubes, aunque yo optaría por denominarlo, tiempo cabrón.

Y es que es normal que se me altere el carácter llegados estos meses y espero que sepan disculpar mi desfachatez a la hora de referirme a este fenómeno, que a partir de ahora dejaré de denominar así puesto que más que una cosa extraordinaria, lo que me resulta es un pésimo elemento atmosférico. Pero entiéndanme cuando les digo que si tengo preparada la toalla y el bronceador, e incluso el protector solar para mi larga melena desde tiempo inmemoriales, esperando que llegue el buen tiempo y que coincida este con la leve libertad laboral que nos da el horario de verano para comprobar que no sale el sol, es normal que no esté de humor.

Lo más increíble de todo esto es que si te desplazas tanto al norte, como al oeste, como al centro o como al sur de la isla, el tiempo mejorará sobremanera y lucirá el sol. Nos les digo que vayan al este porque, como si del juego de los barquitos se tratara, lo único que encontraríamos ahí sería agua. Pero parense a pensar por un momento en que, en una época en la que tanto se habla del cambio climático y todo eso, en la que las temperaturas en la península rondan los 40 grados y que en diferentes ciudades del mundo el tiempo ha cambiado. De repente en Las Palmas de GC el único pésimo elemento atmosférico que se mantiene es el de la Panza de Burro. No es justo ¿no?

Espero que sepan disculpar mi actitud de hoy y ruego no me lo tengan en cuenta en futuras editoriales pero es que tengo un chiringuito de playa en las canteras y sólo tengo licencia para verano. Y como comprenderán, tal y como están las cosas si no se va esta Panza de Burro y no sale el sol en la capital, me veo comiendo polos hasta las navidades.

Esperemos que algún año en verano, el tiempo nos sorprenda y encontremos el sol en esta olvidada parte de Gran Canaria para que así se haga efectiva aquella frase que rezaba que “A la corta o a la larga, cae el burro con la carga”.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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