CEREBRO PODER ESCUCHARTE…

No hagan mucho ruido por favor porque en este preciso instante estoy escuchando los ruidos de mi cerebro. No piensen que me he vuelto más loco aún, algo que día a día comprueban con más certeza, es casi imposible, sino más bien esperen a que les cuente a que me refiero.

Parece que un estudio revelado por investigadores del University Collage London, cuya traducción podría ser, Universidad de las Collejas de Londres, demuestra que los circuitos cerebrales generan ruido al ocuparse de varias tareas a la vez. Estos ruidos, según los científicos, se presentan a través de perturbaciones o pinchazos neuronales. El estudio incluso demuestra que el cerebro es mucho más ruidoso que los ordenadores.

Así que tras leer el informe y pensar al respecto mientras me preparaba un bocadillo y miraba la televisión, me he dado cuenta de que es cierto que el cerebro hace mucho ruido. El mío en concreto suena como cuando tienes un despertador de mesilla de noche y que has tirado cuarenta veces al suelo al intentar apagarlo. Pues mi cerebro suena igual que si agitaras ese aparatito, como si estuvieran muchas cosas sueltas dentro pero sin embargo sigue funcionando.

Este revelador estudio demuestra entonces que, aunque tengamos muchas cosas útiles en nuestra cabeza, el que estén desconectadas las vuelve inútiles pero no por ello el coco deja de funcionar. Pero si se paran a pensar en como suenan sus cerebros, se pueden llevar más de una sorpresa.

Como a mi primo Segundo, que curiosamente vive en un edificio entre el tercer piso y el primero, y al que al comentarle lo que había leído, me contestó que hacía varios años llevaba oyendo una voz femenina que le atormentaba constantemente y que le pedía que recogiera su habitación. Tras contarme esto y pasar tan solo una décima de segundo, a mi primo Segundo, le llamó su madre, mi tía Secundina, desde el segundo piso en el que viven para gritarle que tenía un segundo para subir a recoger su habitación. Ahí nos dimos cuenta que su ruido cerebral no sólo lo oíamos nosotros dos sino que también lo oía el resto del vecindario.

Sin embargo mis ruidos, a diferencia de los de mi primo, son desconcertantes, lo que suena cada cierto tiempo dentro de mi cabeza es un teléfono que da línea, pero que nadie acaba de coger. Supongo que el que no encuentre mi móvil y que tenga las orejas tan grandes no tendrá nada que ver. Pero para aquellos que piensen que soy un bicho raro, porque ellos no son capaces de oír nada dentro de sus cabecitas, que tengan presente lo que dijo Miles Davis al afirmar que “El silencio es el ruido más fuerte, quizá sea el más fuerte de todos los ruidos”.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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