VUELE CON NOSOTROS…

Por fin voy a poder dejar mi teléfono encendido en el avión. Ya era hora de que a algún ingeniero “telecomunicaeronaútico”, no sé si existen o no este tipo de ingenieros pero sería algo así como el que sabe de aviones y de antenas de telefonía móvil, pues se le ocurriera solucionar un problema que desde que tengo uso de razón, hace un año o dos, y teléfono móvil, menos tiempo porque mi madre no me dejaba tener tanta libertad, me ha estado carcomiendo.


Ustedes son conocedores que mi carácter itinerante hace que vuele demasiado, y no me refiero a viajes astrales ni otros provocados por psicotrópico alguno, me refiero a coger mi avioncito y trasladarme de un país a otro.


En la última visita que realicé a Moscú, el que tuviera durante 4 horas y media el teléfono apagado, tiempo aproximado que dura el viaje, provocó que perdiera un millón de euros en acciones ya que en el momento de vender mis activos de la empresa que se dedica a suministrar productos españoles a Holanda dio un bajón de golpe por culpa de la victoria de los nuestros en la final del mundial. Ahora a ver que hago yo con una empresa que vende, castañuelas, tortillas de papas y flamencas para poner encima del televisor.


Circunstancia peor que esa fue la de la ruptura de mi matrimonio, ya que tuve que desplazarme a Helsinki, capital de algún sitio que no recuerdo, y mi mujer, al no saber donde estaba ni conocer que me había ido de viaje pensó que estaba con otra. Para ella el tener el teléfono apagado y no contestar a sus llamadas era una clara prueba de que le era infiel. Y digo que esta circunstancia fue peor que la de mi pérdida de activos en bolsa porque tuve que darle en la separación la mitad de todas mis cosas. La verdad que cuando llegué a Helsinki, tenía tan mal humor que no tuve ni ganas de ver a mi amante.


Así que ahora mis problemas se han terminado y por fin podré tener mi móvil encendido durante los viajes en avión y así no tener ni un percance más. Aunque tras conocer que cada llamada que haga desde el aeroplano tendrá un coste por minuto de 4 euros, mejor sigo con el móvil apagado y que sea lo que Dios quiera, que ya he perdido bastante dinero en esta editorial…


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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