GROAAAAARRRRRR !!!!!

A nadie le gusta ver como muere un animal, pero ver como su fuerza vital se va atenuando conforme pasan los meses es aún más doloroso que una muerte radical y violenta. En una época de crisis como la que nos ha tocado vivir, el que, felinos como el león de la Metro Goldwyn Mayer estén a punto de desaparecer, nos parte el corazón a todos.


La industria cinematográfica no pasa por su mejor momento y prueba de ello es el endeudamiento titánico que tiene la Metro. 3.700 millones de dólares amenazan a la compañía con llevarla a la bancarrota. Pero es que el sector audiovisual ha visto como sus beneficios caían por un precipicio sin fondo para estrellarse con el duro suelo que ha supuesto internet.


La red de redes, es la gran culpable y a nadie se le escapa que la descarga masiva de películas, ya sean estrenos cinematográficos o éxitos consagrados de la gran pantalla, ha provocado que uno de los colosos del sector cinematográfico vea como tiene los días contados por no rentabilizar sus películas ni en taquilla, ni en su posterior venta en dvd.


Hace unos días conocíamos que la Metro ha conseguido una prórroga para pagar los casi 4 mil millones de dólares que debe y que le da un respiro hasta septiembre. Pero la pregunta es, ¿qué hacer en dos meses cuando pones a la venta una empresa de tan alto coste y la única oferta que llega se acerca tímidamente al tercio de la deuda? La respuesta es clara, venderla por partes.


Son muchos los que se han interesado ya sobre todo por hacerse con la franquicia del agente James Bond, 22 títulos que según los analistas sus derechos tienen un valor de mil millones de dólares. Incluso yo he pensado en pujar por esta colección cuya propiedad me permitiría incluso realizar una nueva entrega. Para protagonizar el largo me podría decantar por Santiago Segura que ya mostró sus dotes como agente de la ley en Torrente, pero la historia se desarrollaría en nuestra isla, ya saben, por darle publicidad a Gran Canaria. Y el título que tenía pensado sería algo como: James Bond contra el chorizo de Teror.


Pero si tuviera que hacerme con algo de la Metro sería con elementos que han formado parte de las mejores películas de la historia. Lo que daría por tener las sandalias que llevó Charlton Heston en Ben-Hur. No habría romería que se me resistiera con un calzado tan cómodo. O poseer el paraguas que llevaba Gene Kelly en la magistral Cantando bajo la lluvia. Con la de agua que está cayendo en nuestra isla en otoño, estaría todo el tiempo cantando “I singing in the rain”.


Pero si tuviera que quedarme con algo de verdad de esta gran industria, me decidiría por las orejas que lució Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”. Se que es difícil ya que esto nunca formó parte del set de maquillaje o vestuario porque eran suyas, pero con semejantes parabólicas habría podido coger hasta la TDT de Turquía.


Sea como fuere, que se solucione el febril estado de salud del león al que hemos visto rugir infinidad de veces cada vez que nos sentábamos en el cine o en casa, porque si el gigante de esta industria muere, el cine habrá perdido al Rey de la selva del cine.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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