PAPARAPAPAGAYO…

El mundo animal es insólito por naturaleza y por mucho que intentemos justificar o comprender algunos comportamientos, se nos torna harto difícil el establecer un vinculo tal que nos explique o muestre los secretos de la fauna terrestre. Tal es el caso de las aves exóticas o psitácidas como son los loros, cotorras o papagayos. Y es que por mucho que leo para convertirme en uno de los mejores ornitólogos de mi comunidad de vecinos, el curioso mundo de estas parlanchinas aves se escapa a cualquier estudio hasta ahora conocido.


¿Quién no ha intentado mantener una poco coherente conversación con algún loro o ave similar y cuyo único objetivo se reduce a intentar que repita nuestras palabras? Por que de eso se trata, estos simpáticos animales de bello plumaje emiten un sonido a través de su siringe, que viene a ser su órgano vocal, que intentan imitar por parecerles curioso. Aquellos que alguna vez hayan sido insultados o silbados por una de estas aves han de saber que nunca ha sido con ánimo de ofender. Cierto es que nuestra primera reacción es de asombro y gracia pero cuando los gestos sonoros se vuelven repetitivos y crispantes, ya no nos gusta tanto.


Tal es el caso de dos turistas italianos que hace no mucho denunciaron ante las autoridades a un papagayo por los insultos que este les profería cada vez que los veía. Al parecer a uno de ellos le llamaba gordo y para el otro utilizaba un insulto muy común en italia para referirse de forma denigrante a los sureños. Y aquí es donde tenemos que hacer una pausa para evaluar hasta que punto la capacidad de aprendizaje de estos animales puede superar de forma holgada, la que tendría cualquier nueva estrella de la televisión, puesto que los improperios proferidos por el enjaulado bicho dieron en el blanco al, uno ser gordo y el otro sureño.


Por eso queridos amigos creo que no debemos subestimar el poder de estas pequeñas criaturas ya que si el loro de mi primo Eustaquio, se aprendió El Quijote porque su dueño se lo leía en voz alta una y otra vez, no descarten que llegue el día en que aprendan solos sin ayuda humana. Quizá ese día empecemos a oír cosas más interesantes que las que nos cuentan nuestros políticos, por ejemplo.


Sea como fuere, el papagayo italiano puede que pase algunos años a la sombra, pero si le dan a elegir entre su silencioso carcelero y su fría y actual celda, o su habitual jaula con su más que reiterativo dueño y sus frases de: Lorito bonito y demás insultos por aprender, me da la impresión que preferirá sin duda, el silencio de su castigo.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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