EL OFICIO DE MINERO SE PAGA…PERO CON POCO DINERO…

33 era la edad de Cristo cuando murió y quizá los designios caprichosos del destino han sido los que hayan colocado en la mina que lleva el nombre del padre de Dios, San José, a 33 hombres que como mineros pueden representar tranquilamente cada año de vida del representante de los cristianos en el mundo.


El paralelismo con el que he abierto esta editorial no tiene otra intención que la de mostrar que es lo que ronda ahora mismo por las cabezas de aquellos que se encuentran atrapados a 700 metros de profundidad en la mina chilena, pues por todos es sabido cuan religiosos son los sudamericanos y todos cuando la suerte nos es adversa.

Pero más allá de designios religiosos o caprichos de la naturaleza, los trabajadores atrapados en la mina de San José viven una situación con la que ya contaban. Son muchos los que se han quedado fuera y que han relatado que rezaban para que un desprendimiento como el ocurrido no sucediera durante su turno. Según estos trabajadores, cuando la mina empieza a llorar, termino con el que definen los desprendimientos de roca, es que algo malo esta a punto de suceder.

Quizá ahora se intenta quitar hierro al asunto diciendo que de los cuatro meses que tardarían en rescatar a los trabajadores, este tiempo podría reducirse considerablemente. Pero de lo que no se ha querido hablar es de la situación de estos pobres hombres y que cuyo salario haciendo horas extras y turnos inhumanos alcanza en el mejor de los casos 140 euros al día. Por eso hay que preguntarse si un trabajo como el que desempeñan llegará alguna vez a estar bien remunerado por que, si se habló de que ninguno estaba asegurado, algo que a buen seguro habrán arreglado ya por debajo de la mesa, qué salario justifica que puedan tener una vejez tranquila si en la mayoría de las ocasiones estos padecerán silicosis o cáncer de pulmón por los gases tóxicos inhalados después de tantos años.

Me alegra de verdad que se trabaje a marchas forzadas para que puedan salir de la tumba en la que se encuentran. Veo con cierto optimismo que ensanchen poco a poco el hueco por el que hacen pasar la sonda que contiene los alimentos y elementos necesarios con los que sobrevivir. Y me avergüenza ver como desde que se supo que los mineros estaban vivos, aquellos que representan al pueblo se personaron como rayos en el lugar de los hechos para dar ánimo y aliento a través de mensajes electoralistas encubiertos.

Pero si de verdad hay algo que me produce verdadera repulsa es el trato que se le da a algunas personas, de las que se abusa, y se las hace trabajar en condiciones infrahumanas y por unos míseros pesos. Unos ‘jefes’ que para calmar la tempestad ya han engordado las cuentas de estos trabajadores con la intención de calmar nervios y evitar represalias.


El reloj corre en contra de estos pobres hombres, así que me encantaría poder dar la noticia dentro de muy pocas semanas de que de la mina de San José han extraído algo de incalculable valor, 33 vidas humanas sanas y salvas.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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