TORRE DE CONTROL…ME SIENTO TAN SOOOLO….

Quédense con este nombre; Michael O’Leary. Este es el genial individuo que con sus medidas de gestión ha conseguido en multitud de ocasiones ser noticia. En esta ocasión vuelve a erigirse como protagonista del epicentro informativo por la última propuesta que tiene pensado llevar a cabo en su empresa, Ryanair. La ignominiosa medida, suprimir los copilotos en su compañía aérea.


O’Leary, que ha resultado ser el tacañón de la gestión empresarial aérea, ha conseguido que sus medidas sitúen a la empresa en cuestión, entre las primeras en tráfico de pasajeros en España. Pero, ¿a qué precio? No les hablo del precio que pueden costar sus billetes puesto que estos sinceramente son los más bajos, sino al precio de reducir hasta un punto de no retorno, la calidad del servicio. Atrás queda ya el detalle de que nos dieran comida o abrigo en los aviones.

Entre los puntos que caracterizan a los “aires de Ryan”, podríamos resaltar el poco espacio que hay entre una y otra butaca en sus aeronaves, lo que provoca que sus pasajeros vayan como sardinas en lata. También el hecho de que llevemos equipaje que no sea de mano y nos cobren por ello, forma parte de su política empresarial. Y que no se les olvide el billete en casa porque si es así y se lo tienen que emitir en el aeropuerto, esto también habrá que pagarlo.

El bueno de O’Leary resalta que la medida, que ahorraría cantidades millonarias a la empresa, se tomaría en trayectos cortos y que si pasara algo, como que el piloto se quedara dormido, la azafata o el aeromozo serían los encargados de despertarle o incluso de llevar el avión, pero tras haber recibido un curso previamente. A lo que yo me pregunto, ¿dejaría usted que le operara a corazón abierto un enfermero porque el cirujano está indispuesto?


Si las medidas de este buen señor siguen proliferando, pronto veremos a las azafatas hacer striptease durante los vuelos, para ingresar dinero extra en la compañía. Retirar los neumáticos de los trenes de aterrizaje y tomar tierra en el césped del aeropuerto en cuestión porque es una pena desperdiciar un fuselaje tan duro para que sólo le de el viento y por último, eliminar los asientos y que vayamos de pie, como en la guagua, así cabrían muchos más pasajeros y nos serviría para conocer gente.

Lo que está claro es que será difícil que pueda poner en marcha esta iniciativa porque la ley exige que todo piloto, esté acompañado por un copiloto. Pero no será la última lindeza que nos deje, eso seguro. Sobre todo cuando sabe que su flota es el recurso de aquellos que no pueden costearse otra aerolínea. Hace unos días, una personita me aseguraba que volaba con ellos porque es la compañía aérea de los pobres. A lo que yo le sumo, y de los amantes del peligro. Ahora si quiero un subidón de adrenalina, podré hacer puenting, caída libre o simplemente, volar con Ryanair.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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