MOVINIÑO…

¿Saben aquel que diu…? así comenzaba sus chistes el humorista Eugenio. Pues así podría tranquilamente empezar el tema que centra esta editorial. ¿Saben aquel que diu de un niño con un teléfono móvil? Sí, hoy en día, aunque hace unos años nos pudiera sonar a chiste, los niños tienen teléfono movil. Pero si lo miramos de esta forma no nos parece una noticia muy alarmante, lo alarmante quizá es que Canarias se encuentra entre las comunidades autónomas que superan la media nacional con un 66,7% de niños con edades de 10 a 15 años con teléfono móvil.


Si ya de por sí el tener un teléfono móvil es para algunos algo necesario, el sobreproteccionismo de algunos padres o el simple hecho de no tener que aguantar la llantina de los pequeños ha provocado que los niños de Canarias sean poseedores de una herramienta tan peligrosa por diferentes asuntos.


Verán, el móvil es peligroso porque aunque bloquees el terminal para que sólo puedan llamar a sus padres o al 112, estos pequeños genios y dadas las facilidades que se dan a través de internet, serían capaces de desbloquear hasta el teléfono del Presidente si encontrarán en la red la página adecuada. Son peligrosos porque les da una libertad que no deberían tener en edades tan tempranas de comunicarse con alguien sin pasar por nuestra fiscalización. Y son peligrosos porque un niño de 10 años que le de por abrirlo para ver si él mismo puede construir un nuevo terminal, puede provocar que la radiación que desprende el aparatito o el contenido tóxico de su bateria puedan dañar su salud.


Pero en esta ocasión no deberíamos culpar a los padres por darle todo a sus hijos, ni a los hijos por pedírselo todo a sus padres. Más bien tendríamos que culpar a la sociedad en general y al consumismo generado ya que es tal la importancia social de cambiar de móvil cada breve espacio de tiempo, que el que nos sobren teléfonos provoca que acabemos dándoselo a los niños para que jueguen desde edades más tempranas a los 10 años, provocándoles una adicción tan temprana como irreversible.


Yo cuando tenía 10 años no tenía ni permiso para ir a la cabina a llamar. Primero porque no tenía a quien llamar y segundo porque tampoco llegaba hasta donde estaba el hueco para meter las monedas. Hoy en día los niños de esa edad ya cuentan con una agenda en su celular en la que se incluyen fotos de sus amigos o incluso sus direcciones web. Sin embargo insisto en que en mi época, el significado de celular hacía referencia a la unidad estructural y funcional principal de los seres vivos, la célula, y no a un teléfono móvil.


Pero si en realidad fuéramos objetivos, retiraríamos estos dañinos aparatitos a los más jóvenes de nuestra sociedad y prueba de ello es que el otro día en la guagua, pude escuchar la conversación de un chaval de 11 años en la que le relataba a su interlocutor su intención de comprar un billete a través del teléfono y marcharse a Hawai, donde sólo hay playas, porque sus padres le seguían obligando a comer verduras una vez por semana. Y este será uno de los casos más normales.


Así que dejemos que los niños sigan siendo niños, y no trunquemos su posibilidad de desarrollar la imaginación a través de la tecnología convirtiéndolos en hombres antes de tiempo y erradicando de esta manera su felicidad. Y es que ya lo dijo Oscar Wilde: El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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