CHORIZO DE CLEMBUTEROL…

¿Les gusta a ustedes estar sanos y fuertes? ¿Y qué hacen para conseguir reducir esos kilitos de más o intentar asemejar esa fofa barriga a la tableta de chocolate que algunos futbolistas no dejan de mostrarnos cada vez que tienen ocasión? Yo, sinceramente, poco hago puesto que la naturaleza me ha dado una bonita cara que distrae toda atención del resto del cuerpo, así que, el que lo cuide en demasía o no, es algo optativo. Pero el mío, podría ser un caso excepcional ya que veo que no es el caso de otros muchos jóvenes que, con la intención de gustar al resto de la sociedad, hacen lo imposible por conseguir un cuerpo de escándalo público, sea cual sea el precio.


La sin razón que mueve a estos pseudo-culturistas es tal, que llegan a ingerir medicamentos que no están destinados al consumo humano, tal sea el Clembuterol y del que tantas noticias hemos tenido desde que el ganador del Tour de Francia, Alberto Contador, fuera acusado de doparse con dicho fármaco. Pues el compuesto en sí, se utiliza como broncodilatador para tratamientos específicos en vacas y caballos con problemas respiratorios, y aunque no se lo crean, otra de sus funciones es la de potenciar el celo en las vacas. Ahora entiendo porque la mayoría de los jóvenes de hoy en día tienen las “mamas” más grandes que las de Yola Berrocal y están tan salidos.


Pero el mayor problema en la ingestión de estos fármacos reside en los efectos secundarios ya que acelera el proceso de incremento del músculo y ya saben que todo aquello que se salta la norma pre-establecida por el origen natural de nuestro cuerpo, acaba dañando parte de él. No descarten que esas “muertes súbitas” en el deporte, que últimamente se empiezan a convertir en habituales noticias de portada, estén provocadas por el consumo de este tipo de sustancias.


Fíjense ustedes si el Clembuterol es tan dañino, que en su día fue prohibido por las taquicardias que provocaba en los consumidores de hígado de animales tratados con este fármaco. Por eso, como no sabemos lo que comemos, es normal que los médicos no puedan diagnosticar qué enfermedad tenemos si nos están envenenando a base de compuestos químicos. Así que yo por si acaso, ya tengo dos cabritas y una vaca en el portal de mi casa, algo que no ha gustado a mis vecinos. Pero prefiero criarlas yo y que pasten en el jardín del portero, a que me hinchen, sin yo saberlo, a anabolizantes o vaya usted a saber qué.



Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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