WALK- LIKE A – MAN

Hoy es un día muy triste para mí y para muchos de los de mi generación. Hoy, ha muerto la fabricación en serie del Walkman. Un reproductor musical para cintas magnéticas que ha sido, para muchos, un parlanchín compañero de viaje y que durante más de 30 años ha estado reproduciendo música sin parar.


Fue la compañía Sony quien inventara este reproductor portátil en el año 1979. Un adelanto tecnológico que sirvió para dar un gran salto comercial a la marca y también para que muchos nos quedáramos con la boca abierta al ver que por fin podríamos andar por cualquier sitio con la música a cuestas.


A lo largo de las décadas, el aparato en sí consiguió adaptarse a las modas, a los requerimientos tecnológicos e incluso a la comodidad aligerando su peso y reduciendo su tamaño. Para los que tengan buena memoria, los primeros walkman, eran del tamaño de un libro de bolsillo y su peso podría ser también el de una obra literaria como El Quijote versión mini.

Y quien no recuerda esos anuncios en la tele de bebidas refrescantes y a esas atléticas jóvenes que los protagonizaban haciendo deporte mientras escuchaban música y se tomaban su Cola Coca Light. O los árboles de Navidad durante años y que tras la llegada de Papa Noel, este siempre se acordaba de dejar al menos uno por familia.


Lo más curioso es que si hay algún jovencito leyendo esto, todo lo dicho anteriormente le sonará a chino mandarín ya que para ellos la única forma de escuchar música siempre ha sido a través de un reproductor Mp3 y no a través de una cinta con banda magnética de una duración máxima de 90 minutos y con tendencia a deteriorar su sonido conforme pasa el tiempo.


Para terminar, solo deseo darle las gracias a la compañía que creó este aparatito, maquinita por cierto de la que se vendieron 200 millones de unidades sólo de esa marca, y que sirvió para que gente como yo, amantes de la lectura pudiéramos ponernos los “cascos” en la guagua y no ser interrumpidos mientras leíamos a Dostoyevsky . Así que en honor a tan insigne acompañante, hoy volveré a rebobinar mis recuerdos y le daré por última vez al “Play” para que la música vuelva a sonar…



Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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