REGATEANDO…

Por un año más, y ya con este van 25, ayer el Muelle Deportivo en Las Palmas de Gran Canaria se convirtió en el epicentro deportivo y social con la Regata Transoceánica ARC. Una siglas que significan Rally Atlántico de Cruceros, aunque para muchos y tras unos días navegando se convierta en “Algunos Raramente lo Conseguirán”.

31 países representados a través de 231 yates que recorrerán una distancia de 2.680 millas náuticas, lo que viene a suponer algo menos de 5.000 kilómetros. Más o menos como ir y volver a La Aldea, pero muchísimas veces, casi rozando el infinito. Aunque la cuestión ya no es sólo la distancia sino más bien el tiempo que se tardará en recorrerla. En la actualidad el record está en 11 días, aunque por regla general el trayecto la mayoría lo realizan en casi tres semanas, tiempos por cierto que me parecen excesivos, pero bueno.


Pues lo mejor que nos ha dejado la visita de tanto extranjero en estos días se ha traducido en el crecimiento en el volumen de negocio de los locales de la zona. Las tiendas Náuticas se han visto desbordadas con tanto trabajo y yo al ver que todos se estaban enriqueciendo a pasos agigantados decidí montar mi propio negocio. Un puesto ambulante de Velas. Tras una semana sin vender nada, me di cuenta de que las velas que necesitaban estos marineros no eran de cera sino de tela.


Debido a mi mala visión empresarial, ahora no tengo ni un euro, por lo que me he embarcado en un Velero, que curiosamente está lleno de niños que pertenecen a una escuela naútica extranjera, para que me alcancen hasta Santa Lucía de Tirajana, que allí tengo una tía enterrada en dinero. Así que sólo tengo que entrar en el panteón familiar y hacerme con algo de efectivo. El único problema que veo es que esta regata no va a la Santa Lucía que a mí me hace falta sino a otra que está en el Caribe. Cómo iba a saber yo que había más de una. Ahora también me dirán que existe otro Puerto Rico además del que tenemos en Gran Canaria ¿verdad?


Pues lo dicho amigos, que hasta dentro de tres semanas estaré embarcado y ya oigo como el mar me susurra aquel poema de José de Espronceda pero ‘tuneado’, para tal ocasión y que dice así:


Con cien enanos por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero infantil. Bajel colgado que llaman, por su ignorancia, El Perdido, ya en todos los puertos es conocido como el que vendía velas de cera por su cerebro de serrín…


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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