RESTAURATOR…

¿Qué cara se les pondría a ustedes si al abrir la prensa o leer cualquier periódico digital se encuentran con un titular como el siguiente? – Berlusconi devuelve el pene a Marte y las manos a Venus -. Pues en primer lugar estoy seguro que el primer pensamiento nos haría creer que el italiano ha provocado un nuevo escándalo sexual en el que, y tras un arrebato de pasión, le había seccionado a un efebo su miembro y atado las manos a una doncella.


Pero en esta ocasión he de decir que estamos muy equivocados puesto que no podemos criticar al primer ministro nuevamente porque en su día, y no hablo de su cumpleaños, tuviera un lío de faldas, un centenar de líos quería decir. En esta ocasión, nos metemos con su insondable capacidad para meter la pata en sus desafortunadas formas de proceder. Al parecer, la noticia a la que hacía referencia al comienzo de esta editorial habla sobre la orden que dio Il Cavaliere a sus súbditos al encontrarse las estatuas de Marte y Venus ‘incompletas’.

Por lo que he podido saber, gracias al corresponsal que tengo en Italia y que no es otro que Pepino, el pizzero de mi barrio retirado en ese país, Berlusconi mostró su malestar al ver que la escultura de Marte y Venus aparecían en perfecto estado en China y ahí, en el pórtico de honor del Palacio de Chigi, que es la sede de la presidencia del Gobierno aparecían; Una sin brazos y la otra sin pene. Por lo que decidió que fueran restauradas pasándose por alto, las leyes que las protegen.


Una vez que ha dado este importante paso en el cambio de la imagen cultural del país, muchos ya temen cual podría ser el siguiente movimiento del primer ministro. Yo opto por una remodelación completa del Coliseo Romano. Que vergüenza tiene que suponer para un italiano tener que ver una obra arquitéctonica en ese estado. La idea podría consistir en restaurar todo el Coliseo y reconstruir la parte en ruinas para así crear un gran complejo de apartamentos y oficinas. Y que tengan cuidado los ciudadanos que disfrutan de la torre Inclinada de Pisa, ya que estoy seguro que éste acabaría enderezándola por dar una imagen equivocada de la potencia sexual de los italianos.

En definitiva, tampoco podemos reprocharle nada a este buen señor puesto que no es la primera reliquia que restaura, sólo hay que ver la cantidad de operaciones de cirugía estética que lleva su cara. Lo que está claro es que Berlusconi a través de su ignorancia pasará por alto en alguna que otra ocasión más, una de las máximas del filósofo Friedrich Schiller en la que este recordaba que: “El tiempo, consagra…”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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