NO CONTROLES MI FORMA DE VOLAR PORQUE ES TOTAL…Y A TODO EL MUNDO GUSTA…

Lo mío ya es mala suerte y sino díganme que bizco me ha mirado, que cojo me ha pateado, o que jorobado al verme se ha enderezado porque para una vez que tengo puente, va y no puedo viajar. El pasado viernes a los controladores no se les ocurrió otra cosa que ponerse malos todos a la vez (y hablamos del 90% en todo el territorio nacional) y fastidiar mis vacaciones y la del resto de españoles.

Al parecer, la extraña enfermedad que padecen atiende al nombre de "Disconforminia Decretacea", un mal que ataca a aquellos que no están conformes con unas directrices impuestas y al entender que no se está cumpliendo con lo pactado, caen súbitamente enfermos. Menos mal que los cientos de miles de pasajeros que se han quedado tirados en la terminales lo han entendido y nadie se ha enfadado porque, todos podemos caer enfermos y la mala suerte ha provocado que la epidemia haya atacado a casi el total de estos trabajadores.


Desde el gobierno, se tiraron de los pelos y apretaron el botón que enciende el Estado de Emergencia, esa situación en la que los militares son los que mandan sí o sí, pues eso fue lo que pasó y de repente todo empezó a normalizarse poco a poco. Aún así muchos no han podido disfrutar de sus vacaciones y otros han optado por un medio de transporte alternativo. Tal fue mi caso que al final me monté en una guagua y acabé en Playa del Inglés.


Ahora sólo ver si desde el ejecutivo nacional toman la medida que ya adoptó en 1981 Ronald Reagan al verse en la misma situación y que no fue otra que despedir a 11 mil de estos trabajadores por ponerse en huelga. Y eso sin contar el veto que les impuso de por vida en el que se les prohibía volver a ejercer la profesión de controlador. Y es cierto que existen maneras de manifestarse, pero parar un país, frenar la economía y empeorar la situación de aquellas regiones que como la nuestra viven del turismo, tiene muchos nombres y ninguno es muy bueno que digamos...

Así que aquí me tienen ustedes, sin hacer puente, trabajando e intentando recuperar los mil euros que me costó mi estancia de dos días en el aeropuerto a la espera de poder viajar. Y no se confundan, que el billete me había costado 100 euros, los otros 900 es lo que me gasté en los locales de restauración que hay en la terminal que serán muy bonitos pero nada económicos. Por cierto, tengo pensado retomar mi viaje el fin de semana en el que cae la Navidad, así que estaré atento a cuando pase Papa Noel a ver si me lleva porque estos a mí, no me cogen más.


Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera....

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