POR UN PUÑADO DE DOLARES…

¿Conocen ustedes a algún señor bajito de pelo blanco, con gafas y mucho dinero? Puede que más de uno tenga a alguien así en su edificio o casa terrera cercana. Pero yo me refiero a uno en concreto y que es dueño y señor de la Fórmula 1. Se llama Bernie Ecclestone y hace unas semanas se convirtió en noticia por engrosar la amplia lista de ricos y famosos que han sido víctimas de un robo y encima recibir, para evitar que hablase, una buena paliza.

El bueno de Bernie, al cual me referiré por su nombre de pila de aquí en adelante por ser mi análogo dinerario, después de haber sido portada de gran cantidad de periódicos internacionales y abrir diferentes informativos televisivos en los que se mostraba su rostro tras la paliza, ha sabido enriquecerse aún más si cabe con una campaña publicitaria un tanto polémica.

Y es que si tienen la oportunidad de ver al bueno de Bernie en el anuncio al que hago referencia, allí muestra su desfigurado rostro, que más una cara parece una berenjena hinchada, después de la somanta de palos que se llevó. La frase que acompaña la foto, a la que se añade una imagen del reloj a vender es la siguiente: "Vea lo que las personas harían por un Hublot". De esta manera, aquí el amigo, se habrá embolsado un buen fajo de billetes que, a buen seguro, habrán resarcido la pérdida de 300 mil euros en efectivo que llevaba encima, calderilla, y los dos relojes robados.

Con esta editorial solo quiero poner de manifiesto que hay gente que aún teniendo mucho dinero, consiguen generar ingentes cantidades sacando partido a sus desventuras. Y es algo tan propio de nuestra sociedad actual que se ha convertido en costumbre. Palizas por malos tratos en revistas, accidentes de tráfico en televisión y un sinfín de desagradables sucesos que convierten la vida de algunos en un siniestro mercado de segunda mano ambulante.

Es por lo que aquí y aunque no tenga igual repercusión les hago llegar el caso de millones de personas que en su día tuvieron mala suerte, se quedaron sin trabajo, perdieron todo lo que tenían y ahora duermen en la calle, comen en centros sociales de acogida e intentan pensar que el día siguiente no será tan malo como el de hoy. Todos ellos son protagonistas hoy de mi editorial pero lo más triste de todo es que como no son famosos, aunque vendan sus penurias, seguirán siendo pobres...

Esta es la crónica habitual de un día como otro cualquiera...

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