NAVIDÁ DE NÁ DE NÁ…

Pues ya estamos de vuelta. Tras la última semana de vacaciones, cogida a posta para cargar baterías y afrontar la recta final del año con fuerza, volvemos a dar "el cante" por estos lares a través de estas editoriales.. Y como sé que están deseando conocer en qué he empleado mis últimos 7 días de descanso obligatorios, porque yo en realidad no los quería tener, solo les adelantaré por ahora, que me han servido para "empezar" a realizar alguna compra navideña.

Mi periplo de gasto y consumo comenzó el pasado lunes y aprovechando que todo el mundo trabajaba, me decanté por visitar las pequeñas tiendas, ya saben, esas de toda la vida que siempre han estado ahí y aunque los precios de sus artículos son ligeramente más caros que los de una gran superficie comercial, el trato en éstas es más cercano, directo y cariñoso. Pues tras recorrer en mi coche gran parte de Gran Canaria buscando estos pequeños lugares me llevé la sorpresa de que la mayoría habían cerrado ya no solo por culpa de la crisis sino también por verse superados por el mal endémico de esta isla de abrir un Gran Centro Comercial cada 30 metros.

Mi aventura del lunes provocó que tuviera que dejar mi coche en el taller puesto que tras recorrer 1500km, las ruedas solo estaban para tirarlas y el aceite del vehículo ya ni me servía para freír pescado. Así que directo al centro de reparación donde me cambiaron aceite, filtro del aire, filtro del agua, filtro de polen, filtro de la nicotina y el "filtro" pecador de la pradera. Además de rellenarme el depósito del limpiaparabrisas con líquido anticongelante "Etiqueta Negra" de 9 euros la botella. Tras dos días sin coche, porque también te cobran la estancia del vehículo en la Clínica de los Autos, pude llevármelo. Eso sí, abonando los 300 euros reglamentarios, coste de tan magno servicio.

Como mi desventurada aventura automovilística dejó bastante mermada mi cuenta no corriente, me puse al corriente de mi saldo y opté por la corriente habitual de aquellos que poco tenemos y que no es otra que la de visitar una gran superficie. Así que sólo me quedaba elegir un Centro Comercial para realizar mis compras y aquí me enfrentaba a la dura tarea de acertar entre la casi decena de colosos macro empresariales que alberga nuestra redonda isla. Una vez más no tuve suerte y erré al elegir el más visitado, con más problemas de parking y quizá el menos económico de todos.

Así que tras 9 horas haciendo cola para llegar al mismo, otras 6 para encontrar una plaza libre en el mega-parking, 1 hora acceder a las tiendas y 5 horitas más haciendo cola para abonar las cuatro cosas que compré, ya que al no haber carros libres tenía que llevarlas a mano, y para una familia de 20 miembros he de decir que esto de las compras navideñas no es lo mío. Entienden ahora por qué no quiero vacaciones? Pero como soy previsor, he ido arreglando este asuntillo a lo largo del año y ya tengo casi todos los reyes comprados...el único que me falta es Baltasar que no tenía todos los papeles en regla...

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera...

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