ME DECLARO INOCENTE…

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Hoy es un día en el que tenemos que tener mucho cuidado. La gente que acostumbra a gastar bromas tienen en este Día de los Inocentes, vía libre para dar rienda suelta a su ingenio y porque no decirlo…mala uva. Pero para que vean que todos somos humanos y que lo que hacemos nos pasa posteriormente a nosotros les cuento lo que me ocurrió en la mañana de hoy.

 

Siendo una persona que disfruta mucho de esta día porque estoy Licenciado en Bromas por la Universidad Paramount Comedy, decidí que era hora de tener como víctima a mi mejor amigo puesto que además de inocente tiene un corazón inmenso. Así que, como el coche últimamente, y esto es casi cierto, no me funciona muy bien, le llamé a las 6 de la mañana asegurándole que no me arrancaba el auto y que no había guagua alguna que me trajera a Firgas por lo que le pedí que si buenamente me podía alcanzar.

 

Siendo mi mejor amigo su respuesta no podía ser otra que sí, y eso que a las 6 de la mañana aún uno no es muy consciente de sus respuestas. La idea era llamarle antes de irme a trabajar, a eso de las 7, para decirle que no me viniera a buscar y reírme en su cara de lo “pringao” que era, peeeero…..por circunstancias de la vida, me despisté.

 

Y les digo que me olvidé porque un mensaje que me llegó al rato al móvil me recordó mi despiste. El texto del mensaje, enviado por mi amigo lógicamente, decía así: “Te he estado esperando en el portal de tu casa y al ver que no bajabas toqué el telefonillo de varias casas esperando acertar puesto que no recuerdo cual es tu piso. Fueron muchas las voces que contestaron alteradas por la hora pero una particularmente me recordó a la tuya así que viendo el tiempo que llevaba esperando le grité – baja o te parto la cara-. Y claro que quien contestó bajó, pero no eras tú. Así que ahora tengo un ojo morado y estoy en el cuartelillo de San José por alteración del orden público. Ah, y… ¿recuerdas esa entrevista de trabajo tan importante que tenía mi mujer hoy? Pues no llegó a tiempo por mi culpa y perdió su oportunidad.

 

Al ver la que había armado me ausenté de mi trabajo sin decir nada, fui directo al cuartelillo a sacar a mi amigo y pagar la fianza y de paso pedirle perdón. Cuando llegué me aseguraron que allí no había nadie con ese nombre. Pensé que su mujer lo habría sacado así que la llamé para disculparme también ante ella pero cuando me lo cogió me dijo que no me podía atender pero que  estaba muy feliz porque le habían dado el trabajo. Así que al ver que había sido mi amigo quien me tomó el pelo me monté en el coche con la idea de volver al trabajo pero al girar la llave el coche no arrancaba. A los pocos segundos me llegó otro mensaje al móvil cuyo único texto decía: ¡¡¡ Inocente !!!

 

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera.

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