A VER SI ME LIBRO…DIJO LA BIBLIOTECA…

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Aún estamos consternados en Las Palmas de Gran Canaria por la decisión adoptada por el Tribunal Supremo de demoler la Biblioteca del Estado por haber eludido el cumplimiento de la sentencia de 10 de octubre de 2002 del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. A ver, que dicho así no está muy claro, pero según lo leído por ahí, creo que se trata de tirar abajo una infraestructura pública y cultural porque en su día quien o quienes decidieron donde ubicarla se saltaron la ley a la torera o los informes negativos de sus técnicos y acabaron edificando dónde no debían.

 

Vamos a ver, desde aquí no creo que sea el momento de buscar un reo, sino más bien de culpar a todos. A todos los que apoyan a quienes son nulos para gobernar. A todos los que creen que ejerciendo el poder o el autoritarismo sobre aquellos que, según ellos, están por debajo suyo, les hará ganarse su respeto y a aquellos que en su día apoyaron la construcción de tal edificio aún no estando en el poder, pero a la espera de poder sumarse un tanto si las cosas cambiaban, es a quienes hay que culpar.

 

Como decía, la consternación es general, pero me hace gracia ver como se moviliza la ciudadanía ante un agravio de este tipo, aún sin saber ni conocer los datos correctos, como yo, y sobre todo sin haber estado nunca en el citado edificio. Cierto es, que estéticamente es muy bonito y estoy seguro que todos los que han apoyado el “no derribo” de la Biblioteca del Estado habrán pisado su interior alguna vez, aunque sea para preguntar al vigilante qué es lo que se hace en una biblioteca.

 

Es tan curioso, como digo, que se apoye algo sin tener convicción alguna cuando realmente la sociedad canaria prácticamente no llega a la lectura de dos libros al año. Estaría bien ver cuántos canarios saben cuál es el último éxito en ventas de libros o comprobar qué es lo último que se ha dicho en Sálvame, La Noria o ¿Dónde estás Corazón? La balanza lógicamente se decantará por el contenido de la pequeña pantalla.

 

Pero lo que me preocupa sobre todo, ya no es que se derribe o no la biblioteca, puesto que los políticos tienen el arte de saber sacarnos los cuartos para hacer una, dos o tres más y volver a cometer el mismo error en las siguientes construcciones. Lo que en realidad me irrita es que vayan a demoler un edificio con tanto libro dentro. A ver si esto va a ser similar a los casos de Bibliocastia o quema de libros en el que unos exaltados por designios religiosos o lides entre fanáticos ideológicos, arrasaban con los escritos contenidos en estos sagrados templos, borrando así cualquier rastro de su cultura.

 

Ya sé que no será así o por lo menos deseo que este no sea el caso, porque espero que sean tan inteligentes, si al final y tristemente cae la Biblioteca del Estado, de al menos vaciarla. Pero antes de terminar, sólo decirles a aquellos que tan mal hacen las cosas y que provocan que seamos los ciudadanos los que paguemos por sus errores, que empiecen a pagar ellos por los suyos. Porque si trabajo en un bar y rompo un plato, a mí, me lo descuentan de mi sueldo. Así que seamos justos y no paguemos por los pecadores…

 

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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