¿EN…CAJA ESTE BANCO?

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Cajas o bancos. ¿Qué diferencia hay? Supongo que los entendidos en materia económica podrían darme una buena lección en cuestión sólo de unas horas sobre el asunto, pero sinceramente no tengo ni interés ni ganas. Y no crean ustedes que de repente soy un desagradecido y eludo mi responsabilidad de estar plenamente informado para saber de qué escribo, pero aprender una terminología harto difícil para luego trasladársela a ustedes de forma que puedan entender algo, me llevaría uno o dos siglos, así que les contaré sencillamente mi punto de vista y ya está.

 

Para mí y mi ignorancia, una caja siempre ha sido aquel lugar mágico en el que siendo nosotros muy pequeños nuestros abuelos o padres depositaban sus ilusiones en nosotros, en lo que podría ser nuestro futuro a través de una libreta de ahorro. Ilusiones que curiosamente se desvanecían a los dos o tres meses porque no entraba más dinero. Pero daba igual porque teníamos una libreta de ahorro con nuestro nombre y el del familiar responsable y un saldo a gastar alcanzada la mayoría de edad. No fardé yo nada de pequeño mostrando a mis amigos las 5 mil pesetas que tenía en mi libreta. Hasta conseguí novia gracias a mi saldo positivo.

Por su parte, el concepto de Banco para mí siempre ha tenido otro significado. Un banco siempre ha representado la seriedad financiera, el entorno de las grandes sumas y el lugar al que no se puede ir sin ropa presentable porque, pidas lo que pidas, mucho dependerá de tu imagen el que te hagan caso o no. Inversiones a gran escala y multitud de operaciones financieras con tipos de interés, diferenciales  macroeconómicos y un sinfín de términos ante los que, en una reunión con el responsable de la oficina sólo te cabe asentir con la cabeza para no parecer un pobre diablo.

 

Es por eso que no he entendido mucho en estos días la intención del gobierno de solicitar a las Cajas, que se conviertan en Bancos para poder recibir la ayuda económica pertinente. Según algunos, es una forma de controlar más adonde se va el dinero entregado por el Estado. Según otros, es una forma de mantener contento al sector financiero mostrándole disponibilidad económica a través de un pequeño requisito. Y según mi opinión, es una forma más de que seamos nosotros los que sigamos sin ver un duro.

Cómo les decía anteriormente, de pequeño alardeaba mostrando el saldo de mi libreta de ahorro y eso hasta me sirvió para conquistar a mi primera novia. Hoy, no me atrevo ni a decir en la entidad financiera en la que estoy, no sea que el Cobrador del Frac se entere y sepa dónde cobrar mis deudas. Así que le den el nombre que le den, como se dice en los Casinos, “la banca gana”. Por lo que a nosotros tan solo nos quedará buscar alguna “caja” con la que taparnos, para finalmente poder dormir, en algún “banco”…

 

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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