PRINCESAS DE BARRO…

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Este pasado domingo irrumpía en la parrilla televisiva uno de esos programas que a nadie deja indiferente. Y digo a nadie por la polémica que están generando los “docushows” (así se les conoce a estos programas) en los televidentes españoles que, como ya he asegurado en varias ocasiones, están viendo cambiar sus hábitos sociales. La nueva “joya” de la pequeña pantalla con la que La Sexta nos ha sorprendido a todos lleva el nombre de “Princesas de Barrio”.

El programa del que les hablo relata la vida de cuatro chicas cuyo nexo común es pertenecer a la clase social media/baja y alardear de ello. El término con el que se las denomina, y del que ellas mismas hacen uso, es “poligoneras”. Un calificativo que pone en relieve el sector de la sociedad al que tienen la mala suerte de pertenecer por ser éste el centro neurálgico de la incultura y de gran parte de los dramas familiares que se cuecen en nuestra sociedad.

Las protagonistas destacan por su situación familiar, laboral o social porque: una es una madre soltera, otra un ama de casa que pretende saltar al estrellato lo más rápido posible, la siguiente es una cantante de orquesta, y por último encontramos una bailarina erótica de poca edad. Como podrán comprobar, el perfil de las candidatas nos hace pensar que el modelo que han seguido tiene nombre y apellidos. Una mujer que saltó a la fama de repente por tener una relación con un torero, que se convirtió en madre soltera, que ganó mucho dinero con portadas de una revista concreta, por salir desnuda y que, aunque no canta, siempre da el cante.

El referente elegido para este nuevo espacio televisivo lógicamente es aquella a la que llaman: La princesa del pueblo. Un triste modelo de la sociedad en la que nos encontramos. Porque si hace pocas décadas, las niñas o las jovencitas querían ser como Marisol y cantar como los ruiseñores, o bailar, como lo hacía Coco en la serie de los 80, Fama, hoy lo que quieren las jóvenes es salir en la tele y  parecerse a una mujer que se caracteriza por su incultura y su avidez a la hora de hacer dinero rápido.

Y a lo mejor me estoy equivocando con este nuevo programa ya que sólo se ha emitido una primera entrega del mismo pero créanme si les digo que si no vi el primero, para evitar que me sentara mal la cena, no voy a dejar que el resto de episodios me estropeen el domingo. Y sí, he hablado de un programa sin haberlo visto por lo que me siento feliz de no haber formado parte de ese millón doscientos mil espectadores que sí lo siguieron. Unos espectadores, por cierto, que en el futuro verán como estas Princesas de Barrio acabarán agrietándose y se convertirán en arcilla porque tras ser olvidadas sólo serán…Princesas de Barro.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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