LOVE STORY…

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Por fin el amor ha tocado a mi puerta. Anoche cuando pensaba que nadie se acordaría de mí en el Día de los Enamorados, un simple gesto cambio de repente todo mi concepto sobre el amor y las relaciones y me hizo flotar como si estuviera en una nube. Y no les engaño cuando digo que tocó a mi puerta, puesto que al abrir allí estaba el repartidor de ilusiones, esperando a que le firmara con poéticos trazos la nota de recogida para entregarme así una bonita caja roja y blanca que consigo traía.

Y es cierto que piensas que éste es un día comercial hasta que el regalo te llega a ti. Yo dejé de creer en el amor allá por los años noventa, cuando en una época en la que el programa “Sorpresa Sorpresa” era el referente en lo que a ilusionar se refería. ¿Y por qué? Pues porque fueron muchas las sorpresas que me chafó el citado programa. ¿Qué había una chica que me gustaba y trataba de encontrar a su hermana que no veía hacía 10 años y así ganarme su favor? pues iba la Isabel Gemio y se me adelantaba. ¿Que la chica de la clase de al lado quería conocer a Ricky Martin? Pues iba la Isabel Gemio y se me adelantaba, aunque lo del bote de mermelada y esa historia del perro no entraba dentro de mi sorpresa.

Y ya sí les hablo del dinero que me gasté regalando rosas durante décadas, para no obtener siquiera una mínima muestra de agradecimiento, se asombrarían puesto que me habría salido más barato comprar un vivero. Y eso sin contar los peluches, bombones, anillos, colgantes y demás muestras de obligado cariño en un día como el de los enamorados. Regalos por cierto caros, porque en los 90 las tiendas de chinos aún no habían proliferado.

Pero para caso de amor/desamor instantáneo el de Paco Rason, un estudiante de altísimo nivel de matemáticas y álgebra que tras mucho buscar encontró la fórmula del amor y que tras ponerla en práctica degeneró para él en desamor. Según pude leer ésta consistía en: Alto Poder adquisitivo + Belleza Plástica dividido todo por número de años de vida = Amor Sincero+S. O lo que es lo mismo; Amor “sin ceros” en la cuenta corriente que es lo que te deja tu pareja cuando pide regalos en días como el de San Valentín.

Pero a mí el amor me ha vuelto a sorprender y aquí he de decir que de forma negativa y no como decía al comienzo de esta historia. Ese repartidor que tocó en mi casa y que me iba a entregar una caja roja y blanca no traía en su interior, ni bombones, ni un peluche, ni un bonito reloj valorado en tres mil euros. Traía una pizza y encima ni siquiera…era para mí.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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