AZKUNA, AZKETECOPIEN…

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Aún estoy sorprendido por la noticia que leía hace unos días. Ya saben que yo leo algo, lo asimilo, lo interpreto y luego si me acuerdo de lo que he leído, pues intento escribir sobre ello. La noticia en cuestión, que me desvío más que un bizco en una línea recta, es el logro conseguido por el Alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna y su corporación, todo sea dicho, de convertir a la localidad bilbaina en la primera cuyas cuentas están saneadas y su deuda es cero.

Tras conocer la noticia, seguro que  más de un regente municipal habrá criticado la gestión de Azkuna y habrá aseverado que el bilbaino regente lo ha conseguido a base de ventas de suelo, de compromisos bancarios con poderosas entidades financieras y un sinfín de negativos reconocimientos a su labor. Pero al respecto he de decir, y siempre dentro de la información publicada, puesto que ahora mismo mis cuentas no están tan saneadas como para hacer una llamada a otro país, al País Vasco, que según ha argumentado el mismo alcalde, su objetivo se ha conseguido gracias a la gestión prudente y al trabajo continuado tras 12 años en el cargo.

Y ahí puede estar el quid de la cuestión, la continuidad y el no despilfarro. Pero claro, cuando antes que los intereses de los ciudadanos se encuentran los particulares y los favores a otros, ¿qué localidad, pueblo, municipio o lo que sea, puede crecer y sanear sus deudas? A mi entender ninguno. Así que, si Azkuna ha dicho toda la verdad y ha dejado a Bilbao, sin deuda y encima sin frenar su crecimiento económico y productivo, ¿por qué no es objeto de estudio por los demás alcaldes? Pues lógicamente, porque dentro de los parámetros que inciden en la correcta gestión no figuran ni el “enchufismo” y ni el “5 pa’ ti, 5 pa’ mí y 1 pal pueblo”.

Por lo que si queremos tener un ayuntamiento sano, limpio y sin corruptelas, no es cuestión de clonar al alcalde de bilbao, ni hacer fotocopia de todas las actas de su gestión para deshacerse de una deuda de 200 millones en 12 años. El truco estará en pedir cuentas constantes a quienes gobiernen y no permitir que estos se cambien la silla conforme se les antoje porque si así continúan, llegará un día en el que la manzana estará tan podrida, que ya no le quepan mas gusanos dentro.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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