¿NO TE HUELE A PESCADO QUEMADO?

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¡¡¡Aaaay que pena, penita pena!!! Así habría llorado con arte y brío la legendaria Lola Flores, la pérdida del pescado más querido del Carnaval, la Sardina. Y es que mañana, el entierro del rico pescado, pondrá fin a los carnavales de la capital de la isla en un acto, que se antoja como es habitual, triste y lastimero. Serán muchas las viudas desconsoladas, las que lloren la pérdida del animal más querido de las carnestolendas, algo por cierto que se escapa a mi corto intelecto… ¿una sardina es la que representa al carnaval?

Al parecer y tras mucho leer en revistas especializadas como “Pesca de altura sin manos” o “Sardinas con sordina”, la quema de este ‘pescaito’ se produce porque es un hecho simbólico con el que se pretende representar el entierro de todos los vicios y pecados cometidos durante la celebración del carnaval. Una tradición que vista desde el exterior de nuestro país resultará más que tragi-cómica a todos aquellos que vean, como un cortejo fúnebre de viudas sexis o con bigote, lloran a un pescado que, aunque debería ser enterrado, acaba siendo quemado.

Y es que por lo visto, entre las últimas voluntades de la sardina figuraba que no deseaba ser enterrada, sino que prefería ser incinerada puesto que su deseo era que sus cenizas volaran libres. Tras años de litigio con la funeraria, se consiguió que así fuera, aunque suponemos que ayudaron las denuncias de los vecinos que vivían cerca del lugar donde era enterrada la ‘pescailla’ y que se quejaron durante décadas porque después de cada Carnaval, el olor a pescado podrido se mantenía en el barrio durante semanas.

Pero no se sorprendan aquellos que ya empiezan a prepararse para guardar luto por la pérdida de tan importante símbolo carnavalero si en sustitución del afamado pez azul, se encuentran otra especie amortajada en el ataúd y es que según me he enterado, desde el ejecutivo nacional, y dentro de las medidas de ahorro y de recortes que están poniendo en marcha, para mañana sábado cambiarán todas las sardinas que vayan a ser quemadas en el fin de las carnestolendas, por filetes de Panga vietnamita puesto que con la operación, las arcas municipales obtendrían un considerable ahorro. Y es que solo hay que comparar los precios de uno y otro pescado.

Así que, “dejemos que broten las lágrimas sea cual sea el pescado elegido, puesto que lo tristeza será mostrada igualmente en el cortejo fúnebre del recorrido. Y no se asusten si oyen gritos, o si presencian algún desmayo, que seguro que será por pena de perder a la prima del rodaballo. Descanse en paz el alegre pescado”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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