¿QUIERE UNA BOLSA O SE LO LLEVA PUESTO?

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Desde hace un tiempo se está llevando a la práctica un sistema de ahorro e incremento de la conciencia medioambiental que a nadie le pasa desapercibido. Les estoy hablando de la sustitución de las bolsas de plástico por las nuevas bolsas biodegradables o las de tela. Al parecer, las grandes cadenas de supermercados han llegado a la conclusión de que le estamos haciendo daño al planeta y es por ello que ya han retirado en su mayoría, esas bolsas que durante años “les hemos obligado” a que nos den.

Y me alegro sinceramente que esta iniciativa atienda única y exclusivamente a una mejora del ecosistema, porque aunque se estén ahorrando millones de euros al no regalar las bolsas como antes lo hacían, el que ahora las cobren no atiende a ningún interés estrictamente comercial. Pero es que era cuestión de tiempo que frenaran este uso indiscriminado de tanta bolsita plástica, y sino pregúntense tan solo… ¿hace cuánto no compran un paquete de bolsas de basura?

Exacto. Ahí es donde realmente tenemos que incidir. En qué se hace con estas bolsas porque, el uso posterior de las mismas ha frenado el mercado en diferentes áreas. ¿Quién no ha usado estas bolsas como alfombra para que su perro recién nacido empiece a hacer sus necesidades? ¿O acaso ustedes no han forrado los asientos del coche o incluso las paredes de alguna habitación con ellas por ser grandes aislantes?

Aún recuerdo cuando mi madre me mandaba a comprar a la tienda de la esquina y en la talega me incluía el dinero envuelto en un trozo de papel en el que se podía leer qué debía comprar y una advertencia en letras mayúsculas que decía: QUE TE DEN LA CUENTA Y DIRECTO A CASA. En aquella época con aquella bolsa grande de tela podías guardar hasta un jabalí. Y ahora me alegra que mi madre aún la guarde puesto que así no les deja beneficio a estos grandes conglomerados. Lo que más rabia me da es que siga incluyendo la maldita nota cada vez que le hago un recado.

Así que vayan siempre con una bolsita al super si no quieren llevarse la desagradable sorpresa de tener que pagar por una también “biodesagradable” bolsa que sólo les servirá para ese día puesto que prácticamente se autodestruyen pasado un día de su uso y sino, lleven un abrigo grande y una vez que paguen por sus artículos, deposítenlo todo en el, así no le regalarán el dinero a nadie. Y si quieren ahorrar, que empiecen por quitarle la “h” a la palabra “ahorro”…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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