DIA DE LA MADRE TRABAJADORA

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Ayer se fusionaron dos días muy importantes en el calendario, el Día de la madre y el Día del Trabajador, dos fechas que, por la primera celebrarse siempre el primer domingo de mayo, en esta ocasión han coincidido. Pero quizá no sea tan descabellado pensar que podía haber sido el día específico para que ambas celebraciones sirvieran en el futuro de ejemplo para convertirse en una, puesto que la labor más clara que puede definir lo que ha hecho una madre por nosotros no es otra que el duro trabajo y esfuerzo con el que cría a sus hijos.

Y es que, aunque para muchos, el ser madre y ejercer como tal es una obligación, resulta ofensivo no pensar que tendría que ser uno de los trabajos mejor remunerados puesto que se trata de un trabajo vitalicio, cargado de responsabilidades, sin horario y sin descanso. ¿Cuántas veces se priva una madre de algo sólo para tener a sus hijos contentos? ¿O a cuántas cosas ha renunciado en detrimento de lo mejor para sus hijos?

Quizá el que, para homenajear a alguien tan importante de nuestra vida se haya escogido el primer domingo de mayo no solo atienda a que sea el mes dedicado a la Virgen María o sea el mes de las flores, quizá también atiende a una cuidada estrategia de marketing que sitúa esta fecha como idónea para erigirla como el día ideal para entregar un presente o disfrutar de un almuerzo familiar con alguien tan querido.

Es por ello que para muchos, este día tiene un puro y estricto carácter comercial y que la única intención del mismo se ha creado para generar pingües beneficios a través de la obligada compra de un detalle que bajo ningún concepto podríamos obviar y menos cuando la destinataria es y ha sido tan importante en nuestras vidas. Pero para mí, está claro que los grandes beneficiados de esta estratégica fecha son las floristerías, pastelerías, restaurantes y grandes almacenes.

Así que, aunque suene a frase recurrente y sean muchos los que la utilicen y pocos los que la lleven a la práctica, a una madre hay que felicitarla todos los días y visitarla frecuentemente o hacerle una llamada de un minuto aunque estemos tremendamente ocupados y ¿por qué? Pues por la deliciosa comida que nos ha preparado durante tantos años, por habernos comprado un par de calcetines sin venir a cuento por si nos hacían falta, por cuidarnos cuando estábamos enfermos aún a riesgo de contraer la enfermedad, pero sobre todo, por habernos dado la vida.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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